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Full text of "Memoria sobre las antigüedades neo-granadinas"

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/ 

I 

M E M O B I \ 



SORRE LAS 



ANTIGÜEDADES NEO-GRANADINAS 



POIt 

/ 

EZEQUIEL URIGOEGHEA. 



BERLIN, 

LIBRERIA DE F. SCHNEIDER I O 
1854/ 



/' 



Prologo. 



Llevado, años ha, por el amor patrio i el deseo de conservar las 
obras de sus primeros moradores, dibujé unos tunjos de oro que tenia 
nuestro cónsul en Nueva York, el señor Gregorio Domínguez. Como no 
teníamos entónces ni él ni yo noticia mayor de dichas obras de los anti- 
guos Neo-granadinos , me contenté solo con tener los dibujos, sin poder ha- 
cer mas. Luego he recibido yo algunos otros i al fin los suficientes para 
hacer una lámina mui completa. En el curso de mi lectura he ido llegando 
á encontrar varias noticias , un resumen de las cuales se encuentra en las 
pajinas siguientes, con lo poco que yo he podido añadir. 

La segunda lámina contiene dos cráneos que yo copié de la obra 
del señor Delafield , "An Inquiry into the origin of the American antiquities" 
i otras dos figuras mias. Las dos últimas láminas se componen de las an- 
tigüedades que el señor Degenhardt tuvo la bondad de permitirme dibujar 
i que él mismo trajo de su viaje en la Nueva Granada. En los dibujos 
orijinales he puesto el mayor cuidado, para hacerlos tan exactos como fuese 
posible i todas las láminas han sido gravadas bajo mi dirección, una sola 
de las cuales, la segunda, yo mismo he ejecutado. 

En ninguna ocasión mas propicia puedo llamar la atención de mis 
compatriotas i de los extranjeros que visitan nuestro país, á los restos de 
nuestras antigüedades, que en la presente. Algunos años ha, tuve la des- 



IV 

gracia de presenciar el ningún aprecio en que se tienen las obras de los 
antiguos Neo-granadinos. Una plancha ó patena de oro, de las que usaban 
los caciques, la chaguala de los cronistas, raui bellamente trabajada, tuve 
apénas tiempo de ver i de admirar pocos minutos ántes de ser derretida, 
sin haberse tomado siquiera un dibujo. 

Nuestros compatriotas, que con tanto desapego se deshacen de estas 
reliquias, que una vez destruidas es imposible reproducir, sin haber to- 
mado un diseño ó dibujo ó haber hecho algo por su conservación, contri- 
buyen pasivamente á esta destrucción, pues sin duda ván estas antigüeda- 
des á manos que no las aprecian sino por el metal de que están hechas i 
que sin remordimiento pronto entregan al crisol. 

Muí sensible, mucho, es tener que recordar este proceder, pero sean 
sus resultados benéficos, cuídese mas por la preservación de aquello que 
una vez perdido no podemos restituir, i yo estoi seguro que para aquel 
que es digno de aprecio, no lo seré yo ménos por esto. 

El apéndice lo he tomado de la obra del Lord Kingsborough "Mexi- 
can antiquities" vol. VIII p. 219, quien hizo imprimir esta parte de la his- 
toria de Pedro Simón, del artículo manuscrito que se halla en la biblioteca 
de Oxford. El artículo sobre la etnolojía de los Chibchas está reprodu- 
cido con las mismas palabras de nuestro distinguido compatriota, Joaquín 
Acosta, i varias adiciones que yo he hecho. Muchas razones he tenido 
para tomar la relación de este autor, apesar de haber yo leido también los 
orijinales que á él sirvieron de base, i nó la menor el poco deseo que tenia 
de dar una relación como mía, que no habia sido sino copiada con dife- 
rentes palabras. 

No he querido exalzar ciegamente los pueblos de que trato, pero 
tampoco me he dejado llevar por ideas rancias i contradictorias á la 
verdad. 



El pueblo Chibcha paso como el centellante meteoro por nuestra 
vista, siguiendo como los demás indíjenas, á su destrucción; guiado por 
la humeante cuchilla despótica é hija del fanatismo sucumbió al infernal 
yugo que lo arrancó de nuestro lado, á la civilización, á la sed de oro i 
al recíproco odio de los conquistantes i conquistados : ¡ su lengua desapareció 
i con ellos ella ! 

Si tenemos restos de este pueblo que mas fuertes que sus criado- 
res, han resistido por tres siglos de vicisitudes, hagamos el último esfuerzo 
para salvarlos de un entero olvido. Ya que no me es dado llenar en el 
todo mis deseos, renovar un interés hacia estos pueblos, ya por años ador- 
mecido, sacar su nombre victorioso de entre los escombros de la ruina, 
sea lo mui poco que mis débiles fuerzas contribuyen, un estímulo para mis 
compatriotas i la ofrenda mas grandiosa que puedo dar á las cenizas de los 
primeros habitantes de nuestra patria. 

Querría en este pequeño escrito haber puesto todo lo conocido i por 
conocer con respecto á los antiguos Neo-granadinos, á sus monumentos, tristes 
recuerdos de su antigua grandeza, á sus instituciones civiles, ritos particula- 
res, costumbres sociales, querría, en una palabra, presentar la materia 
como debe ser, agotar, por decirlo así, un asunto con el cual un senti- 
miento patriótico me inflama i lleva mi tardía pluma i escasos pensamientos 
mas allá de lo que mis fuerzas pueden. Pero aquí se rinde el hombre á 
su imposible, á quien una veintena de años no ha dado la experiencia su- 
ficiente; se rinde quien solo en la esperanza de mejorar, da el primer 
paso. 

Quien conoce el increíble trabajo de imprimir un libro en castellano, 
en un lugar á donde por primera vez se hace, i el que como yo, por mu- 
chos años se ha visto obligado á hablar diferentes lenguas, voluntarios dis- 
pensarán las faltas que encuentren en las pájinas siguientes. 



VI 

Sean mi esfuerzos para aclarar, i nó lo produido, los que llamen 1 
benevolencia de mis lectores i un candido recuerdo de mis compatriotas, 
contribuya lo poco que ensayo á hacerne digno de mi patria i del nombr 
que anhelo, un verdadero neo-granadino. 

Gottingen 5 de Julio de 1854. 

E. UltICOECIIEA. 



CONTENIDO. 



Prólogo p. III 

Introducción , 1 

Capítulo primero. 

Etnolojía de los Ghibclias. 

Oríjen del jénero humano „ 6 

Descubrimiento de América „ 7 

Oríjen de los Chibchas según Paravey , 8 

País de los Chibchas 10 

Sus jefes „ 11 

Capítulo segundo. 

Continuación del anterior. 

Historia de los Chibchas antes de la llegada de los Españoles „ 12 

Conquistas del Zipa '. „ 12 

Cielo de los Chibchas „ 15 

Capítulo tercero. 

Continuación de los anteriores. 

Adoratorios i Sacerdotes ,,17 

Culto del Sol .... . „ 18 

División del tiempo ,19 

Gobierno civil ,21 

Delitos i penas ,22 

Leyes suntuarias „ 22 

Capítulo cuarto. 

Continuación de los anteriores. 

Usos diversos „ 22 

Vestido de los Chibchas „ 24 

Agricultura , industria i comercio ,,25 

Historia de Nemterequetaba „ 27 

Capítulo quinto. 

Etnolojía de los Armas. 

Unidad de costumbres en el valle del Cauca . . 4 29 

País de los Armas ,,29 



Mil 



Su relijion p. 30 

Sacerdotes i adoratorios ,30 

Gobierno civil „ 30 , 

Descripción de los Armas i sus vestidos . „ 31 

Industria, agricultura i comercio „ 32 

Sus pueblos , casas i usos en la guerra „ 32 

Carácter i pasión antropófaga „ 33 

Capítulo scsto. 

Escultura en América. 

Consideraciones jenerales ,,34 

La Mejicana i Yucateca „ 35 

La Peruana . . . . . . • . .^ffl|§^ y |F ': ¡* " t : ¿ ', .. ; 36 

La Boliviana i Chilense 36 

La Neo - Granadina . . ' 36 

Capítulo sétimo. 

Sobre los Tunjos de Oro. 

Procedencia ... . . . .*y ; . '.%{ . . . . ,, 38?'. 

Descripción de la Lámina primera ,,39 

La platería entre los Chibchas „ 40 

Análisis de los Tunjos „ 44 

Si se conoció el Estaño entre los Chibchas „ 45 

Capítulo octavo. 

Uso de los Tunjos. 

Union de la escultura i de la relijion „ 46 

Descripción de los ídolos 47 

Sacrificios á los mismos • 47 

Otros usos ' -JdHHrc. '■¡¿•j^M 

Ceremonias en las ofrendas „ 48 

Comparación acerca de la veneración del hombre ,49 

Capítulo 110110. 

Descripción de las Láminas restantes. 

Descripción de los Chibchas i sus crámos 50 

El arte del alfarero , 51 

Descripción de la Lámina III 51 

Descripción de la Lámina IV ,51 

Conclusión "»52 * 

Notas „ 55 

Apéndice . . . „ 63 

Bibliografía 74 



Introducción. 



La civilización de un pueblo es, en los anales de su historia, la parte 
que mas nos interesa, especialmente si él no ha alcanzado aquel grado que 
nosotros creemos poseer, ó bien, si ayudado por sus talentos naturales, 
superándonos , nos dá un rayo de luz intelectual que nos guia i refleja 
siempre á quien le dejó. Mucha fué la conmoción que produjo el descubri- 
miento de América i grande el interés que umversalmente se tomó por este 
Continente i sus habitantes. Habian sinembargo llegado ya los Europeos á 
un grado tal de adelanto, que, al ménos, la mayor parte de las naciones 
americanas ni aun habian soñado, i así fué, debido á esta inferioridad, que 
se descuidó mucho el estudio á fondo de estas jentes, dejándonos á los su- 
cesores , en las tinieblas , expuestos á encallar en nuestras investigaciones, 
á solo hallar conjeturas i tal vez nunca solver bien la cuestión. 

La vida social, la privada, los ritos i cultos, el comercio, en una 
palabra, los usos i costumbres son los Índices que nos marcan el grado de 
civilización intelectual i material de un pueblo. Un ájente poderoso ademas 
tenemos , que , dichosos si lo hallamos , puede guiarnos en nuestras in- 
vestigaciones i hacernos llegar á conocer el estado de cultura de un pueblo, 
de la manera mas fija i evidente. Las bellas artes, hijas de lo ideal del 
hombre, compañeras de sus gustos refinados i de cierto lujo, que nunca es 
de bárbaros, nos están evidentemente mostrando á qué grado de perfección 
llegaron los que á ellas se dedicaron i las naciones entre las cuales flore- 
cieron ; nos representan también el gusto de los pueblos, la idea que ellos 
poseían de lo bello i refinado. En los monumentos que las bellas artes en 
diversos tiempos producen, tenemos ademas una historia verdadera é in- 
destructible, guia fija i seguro consejero en nuestras investigaciones. 

1 



2 



¿Qué seria de la historia de Ejipto hoi en dia si sus habitantes no 
hubiesen sido artistas ? Este es un ejemplo para que nosotros aproveche- 
mos las artes americanas ; i si los sabios Europeos han coronado de la ma- 
nera mas feliz i honrosa sus investigaciones sobre las antigüedades ejipcias, 
¿porqué no podremos nosotros también tratar de llenar los blancos en la 
historia de los pueblos de América estudiando las suyas ? 

Si veneramos á los Incas i el imperio Peruano por su sabiduría i 
adelanto , oblíganos á ello los grandiosos monumentos que de ellos encon- 
tramos, restos de un pasado brillo i tablas en las cuales los pueblos escri- 
ben una eterna historia. Los monumentos artísticos de los peruanos nos dán 
una idea mui honrosa de estos pueblos i con placer encontramos que su 
gobierno civil, sus usos i costumbres, su carácter, el conjunto, en fin, en 
nada desdice nuestra bien fundada creencia. 

Cuando admiramos al Mejicano i al Azteca en sus monumentos de 
escultura i arquitectura, se une siempre á nuestro juicio el de un pueblo 
intelijente i laborioso, cuyos talentos hacen honor á quienquiera que los 
posea ; cuyos monumentos i restos artísticos , al vivo nos están diciendo 
qué grado de perfección intelectual podemos presumirles i cuál el que ha- 
bían alcanzado. 

Si en el Yucatán i Nicaragua encontramos esquisitas esculturas en pie- 
dra, que se hacen respetar de naciones cultas i cuya investigación ha sido 
el objeto de hombres eruditos, no debemos ménos tratar de buscar un 
índice tal para solver la cuestión con respecto á los primeros habitantes 
de nuestro suelo patrio. 

Si tanto placer nos causa el contemplar los monumentos del antiguo 
Continente, nos recreamos en los ejipcios, admiramos lo grandioso de los 
romanos, juzgando, á la par, por ellos de quien los produjo, si, en una pa- 
labra, vemos grandes i sapientísimos volúmenes escritos sobre dichas an- 
tigüedades; ¿porqué no hemos de tratar las de nuestros países de una ma- 
nera semejante? Si las sometemos á nuestras investigaciones, llegaremos, 
tal vez, á resultados que mas que nunca harán palpitar nuestro corazón de 
gozo, al encontrar en vez de seres imbéciles, hombres instruidos; en vez 
de estupidez, intelijencia. 

El yugo servil es mas duro cuanto quien lo sufre, habiéndose gran- 
jeado un grado mayor de libertad moral , es mas susceptible é intelectual. 
Nuestros indios, los Chibchas, sucumbieron al poder infernal de este sin 



3 



dejar otro rastro de su existencia, que en su muerte el mas poderoso mo- 
numento de un adelanto intelectual que nosotros mismos no podemos juzgar 
i que en nuestra ceguedad sin duda menoscabamos pues, ignorándolo, á 
ello nos vemos obligados. 

Si hoi en dia lamentamos la pérdida de los hombres ilustres que 
entre nosotros brillaban i que en 1816 fueron víctimas de la cuchilla des- 
pótica, no vemos en este sino el segundo acto, el reflejo de aquel que años 
atrás bravos habitantes de la planicie de Bogotá é inmediaciones, tuvieron 
que sufrir de mano no menos bárbara : queda sinembargo el consuelo 
que fué dirijida por mejores sentimientos i nó por la malicia , el odio i el 
rencor. 

De las primitivas naciones americanas , siguiendo las ideas de los 
primeros cronistas, no se ha podido desunir la idea de barbárie. En aquellos 
tiempos dados los hombres al bigotismo i siendo los escritores, por lo re- 
gular, miembros de alguna sociedad relijiosa , no podían ver en jentes que 
no tenían su misma creencia sino seres inaptos é invilecidos. Calificábanlos 
de bárbaros sin ver sus instituciones civiles i el réjimen ordenado de su 
gobierno estable i leyes sabias á la vez. Mas de una tendremos ocasión de 
cambiar las ideas que otros nos dieron de estas naciones, de tomar la pluma 
i campear contra preocupaciones que ya por trescientos años esparcidas, nos 
son un enemigo poderoso pero en ninguna manera inconquistable siendo la 
bandera de la justicia la que defendemos i nuestro estímulo el amor natural 
de la humanidad. Entre otros Ulloa, Paw i Robertson han sido, según 
d'Orbigny * los que han sido llevados de su delirio barbárico al último ex- 
tremo, i muí acertadamente pregunta el mismo autor, ¿qué idea se tendría 
de Europa si solo se visitasen los pequeños pueblecillos, qué de Francia si 
solo se viesen los paisanos de la Baja Bretaña? Cuando tratamos de la ci- 
vilización americana, no debemos juzgar esta por la de los grupos ó pueblos 
monádicos que se encontraban en las selvas pero sí por la que habian al- 
canzado los moradores de Méjico, Cuzco i Bogotá. No queremos con esto 
menoscabar de modo alguno el mérito de autores á quienes tanto se debe, 
solo sí evitar errores. Los escritores modernos han sabido desprenderse de 
estas nociones añejas, i con gran placer debemos citar aquí los nombres de 
d'Orbigny, Tschudi i Rivero, quienes después de haber vivido entre los pue- 

* L'homme américain p. 81. 



4 



blos americanos por muchos años, con maestría honrosa nos dán ideas im- 
parciales. 

De las otras partes de América ha habido quienes con laudables es- 
critos hayan hecho conocer sus antigüedades. Desgraciadamente de la nuestra 
aun faltan hasta pequeñas memorias, i no tenemos si no que, desconsolados, 
llorar la pérdida de hombres que un dia pudieron haber hecho inmortales 
sus nombres i con ellos las obras de los Indios i los monumentos que la 
ignorancia, el bigotismo; la envidia tal vez destruyó. 

De la nación Chibcha ó Muisca , poseemos varios escritos de sumo 
interés para nosotros i que forman la base de todo lo que acerca de ellos 
sabemos. De sus obras i monumentos artísticos poseemos desgraciadamente 
mui pocas noticias para hacer despreciable aun la mas mínima de ellas i lo 
mismo podemos decir i aun con mas razón, del resto de las naciones que 
antiguamente habitaban la Nueva Granada, pues, en jeneral, de las artes de 
estos pueblos se sabe mui poco ó por mejor decir, casi nada. El señor 
Vélez Barrientos con un zelo digno de un neo-granadino ha coronado sus in- 
vestigaciones con un descubrimiento no ménos interesante que inesperado, 
probando con él los conocimientos adelantados que nuestros Indios poseían 
de la arquitectura, i en lo grandioso de la obra, su buen gusto. Recordamos 
aquí las ruinas de un antiguo templo , cuyas grandes columnas él encontró 
en la provincia de Tunja, muchas en sus puestos, pero otras que iban ro- 
dando en pedazos i fuera de su lugar, cediendo ya al impulso de los años 
i á la descomposición de la materia , como también á la mano destructora 
del hombre ignorante. Este descubrimiento no ha muchos años se hizo 
público i ha sido el primer paso, á nuestro saber, que se ha dado sobre 
esta materia i que siempre recordaremos con placer, haciéndose el autor 
acreedor á una gratitud de nuestra parte que mas que gustosos le conce- 
demos. 1 

Los labores de oro de los Indios fueron los que primero llamaron la 
atención , un tanto por el arte con que ellos estaban ejecutados , pero 
mucho mas por el material de que se componían. Parece que no ha habido 
nación alguna que poseyendo el oro no haya dado la preferencia á este metal 
para hacer de él aderezos , casi inseparables de su vestido i con los cuales 
se adornaban sus mismos cuerpos. Entre los americanos , servíales tanto 
para sus adoratorios i personas como para hacer ofrendas, lo cual no suce- 
día en la antigua Europa, como luego veremos, siendo las ofrendas siempre 



5 



de otra clase. Las propiedades del metal han sido sin duda las que han 
hecho, al principio, su uso tan jeneral. En los Estados Unidos del Norte, se 
han encontrado pocas reliquias de este metal, sin duda porque los Indios 
carecían de él en cantidades suficientes para hacerlo de uso común. En 
Marietta, Ohio, se han encontrado en la barranca de un rio, ademas de un 
vaso de plata bien pulido, formado como un cono invertido, varios aderezos 
de cobre,* los cuales no son nada raros en esta parte de América, pues 
se encuentran en casi todos los túmulos indíjenas que diariamente se des- 
cubren. La rejion junto al lago Superior, mina casi inagotable de cobre na- 
tivo, Ies daba el material, como también otras. Con plomo trabajaban tam- 
bién i se conjetura que el hierro i el modo de trabajarlo no les era des- 
conocido , si bien todos los autores lo dudan mucho i otros enteramente lo 
niegan. Excepto el Perú, de las demás partes de América no sé yo que se 
hayan publicado noticias algunas sobre las antigüedades de oro, apesar de 
que poseemos obras de muchísimo mérito sobre antigüedades de Méjico i 
de pocos años á esta parte, sobre el Perú, Bolivia i Chile. 

Si un velo impenetrable nos dejaron la ignorancia , la avidez de ri- 
quezas i el poco amor de la humanidad que los conquistadores mostraron, 
i con los cuales sus nombres se enegrecen á nuestros ojos i una nube os- 
cura parece ocultar á nuestra vista aquellos heroicos hechos con que brillan 
sus nombres en la posteridad ; si ellos se opusieron á conservar los jérmenes 
de la civilización indiana i han conseguido casi dejarnos en tinieblas; opón- 
ganse nuestras investigationes i estudios á sus hechos é ignorancia ; bus- 
quemos en los monumentos que nos quedan i que ni el tiempo ni la ava- 
ricia han podido destruir, el verdadero carácter i el grado de perfección 
intelectual de aquellas jentes, primeros moradores de América; busquemos 
en las producciones del hombre al hombre i juzguémosle por sus obras. 

No queremos poner la cuchilla en la mano i menoscabar ó degradar 
con crítica mano aquellos que tal vez merecen nuestra alabanza ; mas bien 
veamos en lo que encontramos, si nó una perfección deseada, al ménos la 
llama del saber que inspira al hombre en todos tiempos i aun inspiraba en 
aquellos. Seamos nosotros los que damos el último tributo del hombre á los 
que ya desaparecieron sucumbidos por el yugo de la esclavitud é ignorancia 
i levantemos con nuestros esfuerzos el último monumento al Indio , á sus 
talentos i á su saber. 

* Bradford. American Antiquities p. 27. 



6 



CAPITULO I. 
EAiioIojía «le los Chibclias. 

Antes de tratar de las producciones de los pueblos neo-granadinos, 
trataremos de conocerlos á ellos mismos, para poder luego juzgar con mas 
acierto de los restos de su habilidad i de sus artes. 

La primera cuestión que tenemos que resolver en la historia de un 
pueblo es su oríjen. Siu pensar en hacerlo respecto á los antiguos neo- 
granadinos , solo daré los datos que basta ahora se poseen. Dos opiniones 
hai acerca del oríjen del jénero humano en jeneral. La primera la que 
trae i nos enseña la Biblia , según la cual lodos somos hijos de un mismo 
padre, Adán. La segunda es la de aquellos que sostienen la diversidad de 
raices, ó por explicarme mejor, tantos padres Adanes ; tantas creaciones 
particulares como razas hai. La teoria de la sucesión , es decir, aquella en 
que se toma por dado que así como del huevo ; de una mera célula sale un 
animal formado, así también de un animal puede formarse otro de un mayor 
grado de perfección material i también moral , los extremos de esta línea 
siendo la simple célula i el mas grandioso de todos los animales, el hom- 
bre, ha sido tan combatida i tan poco seguida, tal vez por cierto orgullo 
inato, que, á pesar de las probabilidades ó razones que tenga, me ha pare- 
cido suficiente apenas nombrarla. La teoría de la diversidad específica de 
razas es tan intenible, que sin mas decir podemos dejar esta cuestión, la 
cual últimamente , en especial en Norte-América ha excitado alguna contro- 
versia. Quédanos pues un oríjen primordial para toda la raza humana i en- 
tónces la cuestión es, saber de qué tronco ó familia del antiguo Continente 
se pobló el nuevo ó bien viceversa, que también es posible, aunque impro- 
bable, que del que llamamos nuevo se haya poblado el viejo Continente. 
La opinión unánimemente seguida es que el nuevo Continente ha sido po- 
blado par las familias orientales del antiguo. Solo sabemos nosotros, según 
Rafn,* que la América fué descubierta ó bien que se tuvo noticia de ella, 
por los Islandeses en los siglos décimo i undécimo. El Obispo de Islandia 
T h o r 1 a k R u n o 1 f s o n , biznieto de Thorfinn Karlsefne quien acaudillaba una 



* Antiquüates Ameiicanae. Hufinae 1837. 



7 



considerable expedición al hemisferio occidental, escribió los viajes de los Is- 
landeses, por los cuales consta que Bj a r n e He rj ulf s on viajando de Islan- 
dia á Groenlandia, navegó á lo largo de la costa oriental de América en el 
año 986. También que Leif partió en el año mil para la América con treinta 
i cinco compañeros i descubrió la parte septentrional de los Estados Unidos 
i el Canadá; que á este siguieron otros i que encuentros hubo en América 
de amigos islandeses, unos idos allí por descubrir i otros obedeciendo las 
leyes imperiosas de las olas i los vientos. Sabemos ademas que en 1492 
Cristóval Colon descubrió el nuevo Continente, i estos son todos los 
datos históricos que tenemos. 

De dónde fueron las jentes á América para poblarla i cómo pasaron 
el Océano, son pues cuestiones que tenemos que resolver por analojiá , por 
conjetura i después de un profundo estudio comparativo de todas las na- 
ciones americanas i del antiguo Continente, como también de las causas físi- 
cas i de los cambios que estas han producido sobre nuestro planeta. Hasta 
ahora la filolojía, la etnolojía, la anatomía, han dado muchos datos i varios 
han creido ya haber encontrado en el antiguo Continente el verdadero 
tronco ó raiz de ciertas familias i • naciones americanas. Sinembargo hasta 
hoi no hai opinión fija i solamente la obtendremos después de un estudio 
mas minucioso de las naciones americanas, después que las ciencias se 
cultiven con todo esplendor en nuestras Universidades i el sabio Europeo 
haga repetidos estudios sobre el Asia i sus naciones. Dificilísima es la cuestión 
pero no insoluble. Respecto á los Chibchas (ó Muiscas) el señor Paravey ha 
hecho un profundo estudio i comparado Su lengua con la del Japón, con la 
vizcaina i el árabe. Es de opinión, después de haber dado sus razones, 
que el oríjen de los Muiscas es japones ó menos probablemente árabe ó 
vizcaíno. Con brevedad expondré aquí un extracto de la Memoria del señor 
Paravey, * citando solo la analojía de las palabras de mas notoriedad. 

Hasta que .el señor Paravey dió su memoria á luz, no se habia hecho 
ningún trabajo especial sobre la materia, bien que aquí ó allí se habían 
tocado ciertas analojías entre las naciones chibcha i japonesa. El autor se 
apoya en criterios enteramente filolójicos. 

Oríjen de los Chibchas. En japones debemos saber que las letras se 

* Armales de Philosophie Chréticnne No. 56 : i por separado, Memoria sobre el oríjen 
japones árabe i vizcaíno de los pueblos de Bogotá. Paris 1835, 32 pág. Svo. 



8 



cambian frecuentemente, i esto no solo sucede en esta lengua, pues también, 
aunque incorrectamente, vemos en nuestro mismo país cómo los habitantes 
del valle del Magdalena , de raza africana emplean la r por la / i otros 
cambios que apenas necesitamos mencionar. En japones, la letra B se cam- 
bia en M i F, también la K en F i B, D en T, li en L i H en F, lo 
cual nos sirve para entender mejor lo que sigue i cerciorarnos mas de la 
probabilidad. 

En primer lugar él vé en Iraca, nombre del famoso templo de So~ 
gamoso, incendiado por los Españoles la misma noche que tomaron el pueblo, 
el Irac, nombre de la Caldea, el Irac-arábico. Ademas nota que la Biblia 
samaritana ha dado el nombre al Irac ó Lilac á la antigua i célebre 
ciudad de Babel, edificada poco después del diluvio i que aun hoi se llama 
Hillach ó Hillah á donde existen inmensas ruinas. 

Los nombres de los tres jefes Ghibchas eran Zaque, Zipa i Tithuá : 
hé aquí su coincidencia con los nombres japoneses. 

Seike es el nombre de los gobernadores del Japón, el cual poco 
difiere de Zaque que , á su vez , parece tener analojía con Fi-saJci, 
emperatriz. 

Zipa tiene la terminación pa que en Chino es el título del virei, pe 
el del príncipe, pronunciado pac en el Japón. Ademas sobe significa un 
encargado de negocios, un jefe, en japones i esta palabra se avecina á zipa, 
que está formada de so á sa hombre en japones i de pa ó pac príncipe. 

Respecto á Tithua tenemos que, tanto en japones como en Chino, 
tay significa un grande ó un jefe i tayou es uno de los títulos de honor 
de djo-goun (que significa ser supremo ó el primer señor pues dj'o significa 
primero ó supremo i goun, señor) título también aplicado á los jefes de las 
tribus del extremo nordeste del Asia i del noroeste de la América. Ade- 
mas gito es en japones el título de los jefes de las villas i de aquellos que 
hacen pagar el tributo, como lo hacían los Tithuas en Bogotá; gito ha podido 
trasformarse en tito ó titua. 

Jeque, la hace nuestro autor derivar de la palabra Soke, nombre 
de una secta relijiosa en el Japón, ó bien de saighio nombre de los libros 
que contienen las vidas de los relijiosos ó sacerdotes i gikai, observación 
de la regla, de modo que jeque querría decir, hombre sometido á las reglas 
ó sacerdote, como realmente la era. 

B o chica, puede ser una palabra compuesta de Fo i Chekia, nom- 



9 



bre del célebre fundador del Budhismo , relijion antigua de la China , que 
luego pasó al Japón, á donde aun existe, según Tisingh, juntamente con el 
culto de los astros, pues Fo se pronuncia en el Japón Bo i aun Bouppo 
i el apellido Chekia, Chaka, á donde se vé las semejanza entre Bochica 
i Bochaba. Su mujer Huithaca ó Guetaca, es emblema de la luna i en 
japones la luna se llama gouat, guet, es decir que excepto la final, coin- 
cide este nombre con Guet-aca ó Huit-aca. 

Uno de los nombres de Nemterequeteba, padre de las ciencias i artes 
chibchas, era Sue. Esta palabra se encuentra en la japonesa joua , j'oue, 
en las palabras jouaki, amanece, jouki, nieva. Adulzando la palabra, 
es decir convirtiendo la / en s, se obtiene Soua , Soue , que tanto en ja- 
pones como en muchas otras lenguas significa Señor, Dios. 

Muchas otras analojías filolójicas se encuentran en esta memoria pero 
nos parecen para nuestro objeto, ser suficientes las dadas. Añadiremos sinem- 
bargo, la tabla de los períodos decimales, cuyos nombres en japones, ex- 
cepto el primero, acaban en ka i en chibcha todos también en a, i no- 
tando que el ciclo de diez dias lo tienen los Japoneses así como lo tenían 
los Chibchas i los Chinos. Así mismo el ciclo de sesenta años se encontraba 
entre los Chibchas, Japoneses i Chinos el cual dividían en períodos ó in- 
dicciones de quince años cada una. Los signos cursivos que representan 
estos números ó dias son casi exactamente los mismos entre los Chibchas 
i Japoneses. 



En lengua Chibcha 


En japones, lengua Sewa 




dia Ata 


Fifitoi 


2" 




Foutska o Boutska 






Mika 






Iokka 


5° 


dia Hisca 


Itska 


6° 


dia Ta 


Mouika 


7° 




Nounacka 


8° 


dia Suhuza 


Ioka ó Fatska 


9° 


dia Acá 


Konoka 


10° 


dia Ubchihica 


Tooka ó Toca 



1* 



LO 



Para asegurar mas su opinión acerca de la descendencia de los Chinchas 
de los Japoneses, i haciendo ver que esta analojía en la lengua no es acci- 
denta], cita el nuestro varios autores que recientemente (1835) han notado 
bongos (jonques) japoneses arrojados por tempestades de la mar á las costas 
de América, como son Valentyn, Koempfer (t. 1. pág. 5) i Kotzebue. Muchos 
de estos japoneses han sabido volverse á su país en los mismos bongos. 

Vemos pues, que entre las dos naciones hai mucha semejanza en 
ciertas palabras i sobre todo en los nombres de los números. Dejamos, 
sinembargo, al lector el juicio acerca de la probabilidad de ser los Japoneses 
los primeros pobladores Chibchas ; i si una coincidencia tal en las lenguas 
es suficiente para decidir la cuestión. 2 

En la historia de la nación Ghibcha hai luego un interregno, un blanco 
que no podremos nunca adivinar. Una vez los padres de esta nación en 
América , no podemos seguirlos ; solo sabemos que al principio fueron los 
Chibchas pocos i su reino reducido. Su comarca se agrancleció luego, como 
sucedía á todas las naciones en la antigüedad, por la conquista solamente. 
Estos bravos habitantes llevaron sus armas á distantes pueblos i su valor 
los subyujó, dominando luego en número, civilización i poderío. 

País de los Chibchas. Al liempo del descubrimiento, „el país de los 
Chibchas comprendía las planicies de Bogotá i de Tunja, los valles de Fusa- 
gasugá, de Pacho, de Cáqueza i de Tensa, todo el territorio de los cantones 
de Ubaté, Chiquinquirá, Moniquirá, de Leiva, i después por Santa Rosa i So- 
gamoso hasta lo mas alto de la cordillera, desde donde se divisan los llanos 
de Casanare. El punto mas extremo al norte vendría á ser Serinza por los 
6 o de latitud i al sur Suma Paz por los 4 o . Mas como la dirección del eje 
mas largo de esta elipse no es exactamente en el sentido del meridiano, 
puede calcularse su lonjitud en cerca de 45 leguas de veinte al grado i su 
anchura media de doce á quince leguas, con una superficie de poco mas 
de seiscientas leguas cuadradas, i con una población aproximada de dos mil 
habitantes por cada legua cuadrada ; tan considerable como la de cualquiera 
de los países cultos de Europa. Esta población así acumulada, la mayor 
parte en tierra fría, sin ganados que le procurasen alimentos nutritivos, ó 
que la auxiliasen en las faenas de la agricultura, necesitaba para vivir de 
ser con extremo sobria i laboriosa , i en efecto lo era , pues no solo se 
mantenía en la abundancia, sino que conducía sus sobrantes á los mercados 
de las países circuruveoinos, en donde los cambiaba por oro, pescados i al- 



1 1 



gunos frutos de las tierras calientes. ¡Singular configuración la de un suelo 
como el de la Nueva Granada, que desde los tiempos primitivos está indi- 
cando á sus habitantes, que deben unirse con los vínculos mas estrechos 
para consultar la satisfacción de sus necesidades i vivir felices ; i aviso claro 
de que contra lo que está marcado con el sello de la naturaleza, encallarán 
siempre las tentativas de los lejisladores inexpertos, que no consulten en 
sus obras, ni las lecciones de la historia ni las leyes eternas que rijen á 
las sociedades desde su cuna ! 

Lindaban los Chibchas por el occidente con los Musos, Colimas i Pan- 
ches, tribus guerreras i feroces con quienes vivian en perpetua hostilidad. 
Por el norte con los Laches, los Agataes i Guanes, i por el oriente con las 
tribus poco numerosas que habitaban hácia los llanos, el declive de la cor- 
dillera oriental. 

Tres jefes principales dominaban con absoluto imperio i eran obede- 
cidos ciegamente en los pueblos Chibchas. El Zipa, que tenia su asiento 
en Muequetá (hoi Funza), lugar rodeado entonces de lagunas i de brazos del 
rio principal que riega la hermosa llanura cuyo medio ocupaba la población. 
El Zaque, que orijinariamente habitaba en Ramiriquí i que posteriormente 
se trasladó á Hunsa ó Tunja. Ultimamente el jefe de Iraca, que participaba 
del carácter relijioso como sucesor designado por Nemterequeteba, civilizador 
de estas rejiones, el cual llegó á ellas, según la tradición universal, por la 
via de oriente del lado de Pasca, i desapareció en Suamos, que hoi decimos 
Sogamoso, de cuyo punto hácia los llanos habian construido los habitantes 
una ancha calzada de la cual se veian todavía restos á fines del siglo 17. 

Los usaques ó señores de los pueblos de Ebaque, Guasca, Guatavita, 
Zipaquirá, Fusagasugá i Ebaté, habian dejado de ser independientes no hacia 
muchos años. El Zipa los sujetó, aunque conservándoles su jurisdicción i la 
sucesión del cacicazgo en sus familias, á que él se reservaba nombrar solo 
por falta de heredero, en cuyo caso escojia casi siempre de entre los Guechas 
i jefes militares de las tropas, que siempre mantenía en las fronteras de 
los Panches á fin de defender sus dominios de las irrupciones, sorpresas i 
pillajes de estos vecinos inquietos i belicosos, en cuyo territorio solía entrar 
para vengar estas hostilidades. 

El Zaque de Hunsa tenia también algunos jefes tributarios, pero el 
Zipa ensanchaba cada dia sus dominios á expensas de su vecino del Norte, 
porque sus tropas estaban mas aguerridas por el continuo lidiar con los 



12 



infatigables Panehes, tan difíciles de sujetar á causa de la aspereza del ter- 
reno que habitaban , i de cuyo conocimiento sabian aprovecharse perfecta- 
mente. Sin la llegada de los Españoles, es probable que el Zipa de Bogotá 
se habria apoderado de todo el territorio de los Chibchas*, si hemos de 
juzgar por los progresos rápidos que sus conquistas habian hecho en los úl- 
timos sesenta años de los cuales tenemos alguna noticia, según resulta de la 
enumeración siguiente. 

CAPITULO II. 
Continuación del anterior. 

El mas antiguo zipa de que se tiene noticia fué Saguanmachica , que 
se calcula comenzó á reinar en 1470 de nuestra era. Este sujetó á los Su- 
tagaos, venciendo en batalla campal á su jefe Usathama, que auxiliado por 
el cacique Tibacui , se presentó á defender el valle de Fusagasugá cerca 
de Pazca, en el principio de las tierras limpias. La resistencia de los Suta- 
gaos fué insignificante desde que se vieron atacados por dos puntos, i he- 
rido Tibacui, el cual aconsejó á Usathama se sometiera al zipa para evitar 
la devastación de sus estados, después de la derrota. Saguanmachica bajó 
con su ejército por el páramo i monte de Fusungá á Pasca, que era entónces 
el camino mas trillado para el valle del Magdalena, recorrió los campos 
amenos del valle de Fusagasugá i volvió á la planicie de Bogotá por la 
montaña de Subaya por sendas difíciles i trabajosas que lo detuvieron al- 
gunos dias. 

Envanecido con esta ventaja el zipa, se preparó á extender sus do- 
minios al oriente i al norte , tuvo varios combates con el cacique Ebaque 
(sangre de madero) , hoi Ubaque , al cual obedecían todos los pueblos del 

* Chibcha parece ser la verdadera denominación que se ciaban los habitantes de 
esta rejion, de donde habian llamado á su divinidad especial Chibchacum ó apoyo i bá- 
culo de los Chibchas. Pocos ignoran en la Nueva Granada que en el idioma de estos, 
muisca quiere decir jente ó persona, de donde nació el error adoptado por los Es- 
pañoles de llamarlos muiscas ó moscas, palabra que les cuadró ademas por el número 
considerable de indíjcnas que vieron en la época del descubrimiento. 



i3 

valle de Gáqueza, desde Une hasta las fronteras del Guata vita. Luego si- 
guió hacia Chocontá, en donde lo esperaba Michua, zaque de Hunsa, con su 
numerosa hueste. El combate fué tan reñido que murieron ambos jefes i se 
separaron los dos ejércitos á celebrar los funerales con prolongadas bor- 
racheras, pues tal era siempre el término de los duelos como de los rego- 
cijos. Mientras mas sobria i regular era esta raza en las circunstancias or- 
dinarias de la vida, mas disipada i extravagante se mostraba en las ocasio- 
nes en que sus ritos i relijion les permitian la relajación. 

A Saguanmachica, que reinó veinte años, sucedió Nemequene (hueso 
de león), que se propuso continuar la obra de su antecesor, i así envió á 
su sobrino i heredero Thisquezuza á castigar á los Sutagaos, que se habían 
rebelado, para lo cual se hizo un ancho camino por la montaña de Subya, 
del cual se han conservado vestigios por muchos años. 

Para sujetar al cacique Guatavita (remate de sierra) se valió Neme- 
quene no solo de la fuerza , sino también de la astucia , i aprovechándose 
de un mandato del Guatavita que prescribia que ninguno de sus vasallos, 
celebrados por su industria i habilidad en labrar el oro en joyas i diversas 
figuras, se ausentara para país vecino sin que el cacique de este le enviara 
dos reemplazantes qne le sirvieran i pagaran los tributos , llenó el pueblo 
de sus confidentes el zipa, ganó luego con dádivas i promesas al cacique 
Guasca, i una noche acercándose silenciosamente por las alturas vecinas, á 
la señal dada con cierto número de candeladas sorprendieron los Bogotaes 
al cacique descuidado, i le mataron con sus mejores soldados, acometiendo 
al mismo tiempo las tropas de Nemequene por el exterior, con que quedó 
definitivamente agregado Guatavita á los dominios del zipa." 

La provincia del Guatavita era una de las mas fértiles i ricas de la 
Nueva Granada, ninguna le aventabaja entónces en jente ni en poblaciones. 
Dilatábase hasta las fronteras del Turmequé, i era su cacique tan poderoso 
que todos los pueblos situados al rededor del sitio de su corte le rendían 
homenaje , como eran las tierras que ocupaban los Quecas i Tocancípaes, 
las dos famosas ciudades de Suezca i Chocontá también inclusas. Dominaba 
ademas las tierras de los Gachetaes, confinantes con los Teguas de los 
llanos, i separados del Guatavita por una montaña que se interpone. 

„Sometido Guatavita dirijió sus armas Nemequene contra el Ubaque, 
que dominaba todo el valle templado i desigual situado detras de las mon- 
tañas al oriente de Bogotá, que hoi decimos de Gáqueza. En su conquista 

2 



gastó algunos meses, por la dificultad de apoderarse con jente del llano de 
las fuertes posiciones que por donde quiera ofrece aquel áspero terreno. 

Pasó luego á Zipaquirá i se preparó a entrar en el territorio del 
Ebaté (sangre "derramada) , así llamado por sangrientos combates de que se 
conservaba la tradición en el país. Aunque este cacique era el mas pode- 
roso, no dominaba ni en Susa (paja blanca) ni en Simijaca (pico de lechuza). 
Los jefes de esto pueblos juntaron sus fuerzas con las del Ebaté (hoi Ubaté), 
i se prepararon á defenderse en una garganta estrecha que hace la cordil- 
lera en su descenso al valle, que hoi se llama boquerón de Tausa, posición 
fácil de sostener, si aquellos tres jefes hubieran podido ponerse de acuerdo, 
pero que fué tomada por los Bogotaes á consecuencia de su discordia. 
Estos no hallaron después obstáculo alguno de consideración i sujetaron to- 
dos aquellos pueblos hasta Savoyá. 

Creyendo el zipa que ya podia vengar agravios antiguos, se resolvió 
á marchar sobre Hunsa ó Tunja con mas de cuarenta mil hombres. El za- 
que, auxiliado por el de Suamos, salió á encontrarle hasta las inmediaciones 
de Ghocontá, i dicen los cronistas que le propuso librar á un combate sin- 
gular el suceso, sin derramar la sangre de sus súbditos, lo que sus oficiales 
no quisieron permitir que el zipa aceptase, haciéndole creer que era con- 
trario á su dignidad medirse con un personaje tan inferior. Trabóse pues 
una reñida batalla cerca del arroyo de las Vueltas que duró un dia entero. 
Los combatientes eran cien mil por ambos lados , i aunque las armas no 
eran del mejor temple, pues se reducían á macanas, dardos, tiraderas de 
carrizo i hondas, no dejó por esto de ser sangrienta. El zipa gravemente 
herido fué sacado por sus súbditos del campo de batalla , quedando Hunsa 
victorioso, pero sin deseos de emplearse en la persecución, lo que rara- 
mente hacian estos indíjenas por entregarse á los regocijos i borracheras 
que seguían á la victoria. Nemequene trasladado en sus andas con extra- 
ordinaria rapidez, por el número considerable de cargueros que se remu- 
daban á cortas distancias , espiró al quinto dia de llegado á Muequetá de- 
jando por sucesor á Thisquezuza, que fué el que hallaron los Españoles 
mandando en el país. Thisquezuza después de rehacer sus tropas sujetó á 
los caciques de Gucunubá, Tibirita i Garagoa, i aun estaba á punto de venir 
á las manos con el zaque de Hunsa sin la intervención de Nompaneme de 
Suamos, que les hizo concluir una tregua de veinte lunas, valiéndose de la 
influencia religiosa. 



15 



Tal es en resumen la serie de los sucesos del medio siglo que pre- 
cedió á la entrada de los Españoles i sobre los cuales sinembargo la tra- 
dición es confusa i dudosa. No así respecto de su mitolojía , usos i costum- 
bres, en cuyo apoyo se encuentra el testimonio conteste de diferentes au- 
tores que no pudieron copiarse. Sinembargo , tintes de pasar en revista 
sumaria lo que se nos ha trasmitido respecto de los usos, costumbres, ritos, 
etc., de los Chibchas, debo decir algo de los dos jefes principales que do- 
minaban en el norte, i al primero de los cuales, el zaque de Hunsa, según 
creen algunos, estuvo en otro tiempo sujeto todo el territorio chibcha, cuando 
para evitar las guerras intestinas nombró el pontífice de Iraca, que era ve- 
nerado de todos, á Hunsahua por jefe superior, á quien sucedieron sus des- 
cendientes hasta Thomagata, gran hechicero, conocido con el nombre de ca- 
cique rabón porque arrastraba cierta cola bajo los vestidos i decia que te- 
nia poder para convertir los hombres en animales. Thomagata no tuvo hi- 
jos i le sucedió un hermano llamado Tutasua. Poco á poco fueron perdiendo 
sus sucesores el dominio en el territorio del norte hasta verse amenazados 
bajo el último zaque Quemunchatocha de ser incorporados en las tierras del 
zipa de Bogotá. Al tiempo de la entrada de los Españoles se extendía la 
jurisdicción de Hunsa ó Tunja por el oriente hasta la cordillera; al occidente 
hasta Sachica i Tinjacá , al sur á Turmequé i al norte el cacique Tundama, 
que era independiente, i las tierras santas de Iraca ó Sugamuxi (el desapa- 
recido). Era este último jefe i sacerdote, clejido alternativamente de entre 
los naturales de los pueblos de Tobaza i Firabitoba , i por los cuatro caci- 
ques vecinos, Ganieza, Busbanza, Pesca i Toca, que así lo dejó establecido 
políticamente Nemterequeteba ó Idacanzas, el instructor de los Chibchas, á 
su muerte, la cual probablemente ocultó solo para dejar á su palabra una 
sanción relijiosa, como en efecto se conservó por siglos, pues en cierta oca- 
sión en que un cacique audaz de Firabitoba quiso usurpar el sacerdocio, 
fué abandonado por los suyos i pereció miserablemente sin conseguir su 
objeto, continuando la elección i la regla constitucional establecida por Ida- 
canzas. 

Cielo de los Cibchas i sus tradiciones mitolójicas. Al principio del 
mundo la luz estaba encerrada en una cosa grande que no saben describir, 
i que llaman Ghiminigagua ó el creador; lo primero que salió de allí fueron 
unas aves negras que volando por todo el mundo lanzaban por los picos 
un aire resplandeciente con que se iluminó la tierra. Después de Chimini- 



16 



gagua los seres mas venerados eran el sol i la luna como su compañera. 
El mundo se pobló de la manera siguiente. Poco después que amaneció el 
primer día, salió de la laguna de Iguaque á cuatro leguas al norte de Tunja 
una mujer hermosa llamada Bachuc ó Fufeaehogua, 3 que quiere decir mujer 
buena, con un niño de tres años. Bajaron luego á lo llano, en donde vi- 
vieron hasta que ya adulto el niño, casó con la Bachue, i en ellos comenzó 
el jénero humano, que se propagó con extraordinaria rapidez. 4 Pasados 
muchos años, viendo la tierra poblada, volvieron á la misma laguna, i con- 
virtiéndose en serpientes, desaparecieron en sus aguas. Los Chibchas ve- 
neraban á la Bachue i se veian estatuas pequeñas de oro i de madera, re- 
presentándola con el niño en diversas edades. Creían estos indíjenas que 
las almas salen de los cuerpos de los que mueren i bajan al centro de la 
tierra por unos caminos i barrancas de tierra amarilla i negra, pasando pri- 
mero un gran rio en unas balsas fabricadas de telas de araña, por cuyo 
motivo no era permitido matar estos insectos. En el otro mundo tiene cada 
provincia sus términos i lugares señalados, en donde encuentran sus labran- 
zas, porque la idea de ocio no estaba ligada en ellos con la de la bien- 
aventuranza. Adoraban á Bochica como dios bienhechor, i á Ghibchacum 
como dios encargado particularmente de la nación Chibcha i con especialidad 
de ayudar á los labradores, mercaderes i plateros, porque el Bochica era 
también dios particular de los Usaques i capitanes i de sus familias. Nen- 
catacoa era el dios de los pintores de mantas i tejedores, i presidia á las 
borracheras i á las rastras de maderos que bajaban de los bosques. Lo 
representaban en figura de oso cubierto con una manta i arrastrando la 
cola. A este no le presentaban ofrendas de oro, cuentas, ni otros dijes como 
á los otros, porque decían que le bastaba hartarse de chicha con ellos. 
Este Baco Chibcha era el dios de la torpeza, no le guardaban consideración 
alguna i decian que bailaba i cantaba con ellos. Llamábanle también Fo ó 
Sorra. El dios que tenia á su cargo los linderos de las sementeras i los 
puestos en las procesiones i fiestas se llamaba Chaquen, i le ofrecían las 
plumas i diademas con que se adornaban en los combates i en las fiestas. 
La diosa Bachue, oríjen del jénero humano, tenia también á su cargo las 
sementeras de legumbres, i quemaban en su honor moque i otras resinas. 

Adoraban también el arco iris, bajo el nombre de Cucha vira, i era 
especialidad para los enfermos de calentura. Solían invocarle las mujeres 
de parto. Las ofrendas que se le hacían eran esmeraldinas pequeñas, gra- 



17 



nitos de oro bajo, i cuentas de colores que venían desde el mar por cam- 
bios. Este culto se fundaba sobre la tradición mas jeneral que hallaron los 
Españoles , tradición vulgar hoi en la Nueva Granada. Indignado Chibcha- 
cum, decian los indíjenas, á causa de los excesos de los habitantes de la 
planicie de Bogotá, resolvió castigarlos, anegando sus tierras, para lo cual 
lanzó repentinamente sobre la llanura los dos rios Sopó i Tibitó , afluentes 
principales del Funza, que ántes corrían hácia otras rejiones, los cuales la 
trasformaron en un vasto lago. Refujiados los Chibchas en las alturas, i en 
vísperas de perecer de hambre, dirijieron sus ruegos al Bochica, el cual se 
apareció una tarde al ponerse el sol en lo alto de un arco iris, convocó á 
la nación i les ofreció remediar sus males, no suprimiendo los ríos que po- 
drían serles útiles en tiempos secos para regar sus tierras, sino dándoles 
salida. Arrojando entónces la vara de oro que tenia en las manos, abrió 
esta, la brecha suficiente en las rocas de Tequendama, por donde se preci- 
pitaron las aguas, dejando la llanura enjuta i mas fértil con el limón acu- 
mulado. 5 Ni se limitó á esto el justiciero Bochica, sino que para castigar 
á Chibchacum de haber aflijido á los hombres, le obligó á cargar la tierra, 
que ántes estaba sostenida por firmes estantillos de guayacan. Desgracia- 
damente esta medida no ha dejado de traer sus inconvenientes, pues desde 
entonces suele haber grandes terremotos , los que explican los Indios di- 
ciendo que provienen de que cansado Chibchacum traslada la carga de un 
hombro á otro, i según el mayor ó menor cuidado con que lo verifica los 
vaivenes son mas ó menos fuertes. Todo hace creer hoi que en la serie 
de los tiempos la cordillera de los Andes ^s una de las últimas protube- 
rancias que se han formado en nuestro planeta, i al mismo tiempo en pocas 
tradiciones se halla tan trasparente la explicación jeolójica de un cataclismo, 
como en la de los Chibchas. 



CAPITULO III. 

Continuación de los anteriores. 

Adoratorios i sacerdotes. Los templos de esta nación no eran por 
lo jeneral suntuosos, porque preferían hacer sus ofrendas al aire libre i en 
lugares señalados, como en lagunas, cascadas, rocas elevadas. En los tem- 



18 



píos, que eran casas grandes cerca de las cuales vivían los jeques ó sa- 
cerdotes, ó, como los llamaron los Españoles , xeques, había vasos de dife- 
rentes formas para recibir las ofrendas, ó figuras de barro con un agujero en la 
parte superior, (vid. Lám. IV) ó simples tinajas que se enterraban, excepto la 
boca, que quedaba abierta hasta que se llenaba de cuentas, tejuelos de oro i figu- 
ritas riel mismo metal representando muchas especies de animales i de cuanto 
tenian en mas aprecio, las que ofrecían en sus necesidades, preparándose 
ántes con un severo ayuno i abstinencia de muchos dias, así los devotos 
como el jeque. Tenian estos una especie de seminarios llamados Cuca, en 
donde entraban mui niños los que se dedicaban al ministerio sacerdotal, i 
eran sometidos por diez ó doce años á una dieta rigurosa, sin permitirles 
comer sino una vez al dia , i eso una reducida porción de harina de maíz 
mezclada con agua i rara vez un pececillo (guapucha). Durante este tiempo 
se les enseñaban las ceremonias, el cómputo del tiempo, cuya tradición 
como todas las demás se conservaba entre los jeques, que eran los depo- 
sitarios de todo el saber abstracto de los Chibchas, el cual se extinguió 
con ellos inmediatamente después de la conquista, pues esta clase fué ne- 
cesariamente la mas perseguida por falta de hombres bastante instruidos 
entre los Españoles, para hacer la distinción entre lo que tocaba á la ido- 
latría que convenia extirpar, i lo que decia relación con materias útiles al 
conocimiento de su historia i antigüedades. Después veremos, sinembargo, 
que no carecían de templos de celebridad i riqueza ; tal era el de Suamos, 
que incendiaron los Españoles la noche que tomaron el pueblo. 

Culto del sol. Esta era Ta única divinidad á que se ofrecían bárba- 
ros sacrificios de sangre humana , matando los prisioneros jóvenes i salpi- 
cando con su sangre las piedras en que dabin los primeros rayos del sol 
naciente. Estos sacrificios, las procesiones i danzas solemnes que se hacían 
por las sunas ó calzadas que desde las puertas de las casas de los caciques 
se dirijian hacia un lugar notable, jeneralmente una altura ó colina vecina, 
i últimamente el cuidado con que se educaba el Guesa 6 , víctima á la cual 
se arrancaba el corazón con la mayor pompa cada quince años, todo tenia 
una relación directa i simbólica con la división del tiempo, el calendario i 
las injeniosas intercalaciones necesarias para hacer coincidir exactamente el 
curso de los dos astros que dirijian las operaciones de sus sementeras i 
cosechas. Lo sangriento i dramático de los sacrificios estaba calculado por 
el lejislador de los Chibchas para llamar la atención de los pueblos, de 



19 



modo que nunca perdieran la memoria de lo que tanto les interesaba co- 
nocer, i eran un sostituto de los quipos Peruanos i de las pinturas de los 
Astecas. 

Los principales adoratorios de los Chibchas eran, como llevamos re- 
ferido, las lagunas , en donde podían hacer las ofrendas de cosas preciosas, 
sin temor de que otros se aprovechasen de ellas, pues que, aunque tenían 
confianza en sus sacerdotes i sabían que estos las sepultaban cuidadosamente 
en las vasijas destinadas al efecto, naturalmente quedaban mas seguros ar- 
rojándolas en lagos i ríos profundos. La laguna de Guatavita era el mas 
célebre de todos estos santuarios i por eso he puesto el apéndice á donde 
latamente se refiere todo lo que tiene conexión con esta laguna. En las 
puertas de los cercados de los caciques, que siempre presidian á las fiestas 
como á todas las funciones públicas, se mantenían, miéntras que ellas dura- 
ban, dos Indios viejos desnudos, uno de cada lado, tocando chirimía, que 
es un instrumento de viento, á la manera de un flageolet i de sonido triste 
i desapacible, i cubiertos solamente con una red de pescar ó atarraya que 
entre estos Indios era el símbolo de la muerte, porque decian que no debía 
perderse esta de vista, sobre todo en tiempos de fiestas i regocijos. Habia 
ademas carreras i apuestas entre los jóvenes, premiando el cacique á los 
mas ájiles i lijeros." 

División del tiempo. Los Chibchas dividían el día Sua, i la noche 
Za, en cuatro partes, á saber; Sua mena desde el nacimiento del sol hasta 
medio dia; Sua meca desde el medio dia hasta entrarse el sol; Zasca desde 
que se entraba el sol hasta media noche i Cagui desde media noche hasta 
salir el sol. 

Tres dias constituian una semana i al fin de cada una habia un gran 
mercado en Turmequé. Este ciclo de tres dias no tiene semejante en la 
historia, no habiéndose conocido hasta hoi pueblo alguno, excepto el Chibcha, 
que lo conozca ó use. Jeneralmente úsanse los periodos de cinco, ó sus 
multíplices, ó de siete. 

Diez semanas de á tres dias, constituían una luna, equivalente á 
nuestro mes, llamado Suna, que significa gran camino. Cada luna iban de 
todos los pueblos á una plaza pública á donde se ofrecían algunos sacrificios 
i cada uno tenia que andár un gran camino , que principiando en el pueblo 
en la casa del jefe (Tithua) de cada tribu, conducia á la plaza pública, i á 
lo cual se refiere el nombre. 



20 



Los Ghibchas representaban los treinta dias de una lunasion por me- 
dio de sus números ata, bosa . . . etc. repetidos tres veces; de modo que 
ata venia á ser no solo el primero del mes sino también el once i el vein- 
tiuno. Los Griegos usaban exactamente el mismo modo de contar, solamente 
que al número que denotaba el día del mes, le anadian un expletivo que 
les hacia notar á cuál de las tres divisiones pertenecía v. g. el primero del 
mes comenzando, del medio del mes ó del mes espirando. 

El año vulgar ó civil constaba de veinte lunas i el siglo de veinte 
años. Habia sinembargo tres de estos períodos ó años; el civil, relijioso i 
rural, respectivamente de veinte, doce i treinta i siete lunas. El año, zocam, 
no era sino un ciclo lunar i nó un verdadero año (annulus) que supone la 
vuelta de un astro al mismo lugar de donde partió. La palabra zocam 
no se usaba nunca sola i así siempre anadian el numeral , zocam ata, 
zocam bosa etc., i lo mismo con respecto á suna. El ciclo de veinte años 
de á treinta i siete lunas, que corresponde á sesenta años nuestros, era di- 
vidido en cuatro pequeños ciclos de los cuales el primero se cerraba en 
hisca, el segundo en ubchihica, el tercero en quihicha hisca i el cuarto en 
gueta. Estos pequeños ciclos representaban las cuatro estaciones del grande 
año. Cada una de ellas consistía de ciento ochenta lunas que corresponden á 
quince años nuestros casi, i al fin de cada una s.e hacia el gran sacrificio del Guesa. 

La intercalación i varías otras peculiaridades del Calendario chibcha 
las dejamos de notar por no ser de un interés tan jeneral i ser ademas de- 
masiado conocidas. Los Jeques, sacerdotes chibchas, tenían á su cargo el 
calendario i la división del tiempo. Se servían de calendarios gravados en 
piedra i de signos jeroglíficos que designaban los períodos del tiempo i 
cuyos nombres tenian siempre relación con las faenas i trabajos que en 
dichos períodos debían ejecutarse por el pueblo. Estas piedras pertenecen á 
los restos chibchas del mayor interés i su investigación se la debemos al 
señor Duquesne, compatriota nuestro. Como los calendarios que se conocen 
han sido ya dibujados, no teniendo otro nuevo, no he querido hacer gravar 
de nuevo una copia , á pesar del muchísimo ínteres que estos calendarios 
tienen, pues considero á mis lectores, buenos conocedores de la obras de 
Acosta i de Humboldt, á donde se encuentran los gravados de los que 
se conocen, i de donde he tomado este artículo.* 

* Acosta. Colonización i descubrimiento de la Nueva Granada. Humboldt. Vues 
des Cordilléres et Monuments des peuples de rAmérique. 



21 



Los chibchas contaban hasta diez; ata, bosa, mica, muihica, hisca, ta. 
cubupcua, suhuza, acá, ubchihica; para decir once . . . etc. anadian la pala- 
bra quihicha, así quihicha ata, once, quiliicha bosa . . . etc. doce, etc. Qui- 
hicha quiere decir pié i así quihicha ata, pié uno, lo cual bien demuestra que 
una vez que habian contado con todos los dedos de las manos, pasaban á 
los de los piés. Para veinte, quihicha ubchihica tenian una palabra, gueta 
derivada de gué, casa. Este era el fin de su sistema radical de numeración: 
su casa también el fin ó cima de toda dicha terrenal. Veintiuno decían 
gueta asique ata, veintidós, gueta asaqui bosa, treinta, gueta asaqui ubchihica 
etc. hasta otras veinte i luego gue bosa cuarenta i gue mica sesenta etc. 
pues ellos, como los mejicanos i otros Indios, contaban por veintes; así ciento 
era gue hisca ó cinco veintes. 

^Gobierno civil. El gobierno del zipa era despótico como el del za- 
que de Hunsa ; él daba las leyes, administraba justicia, mandaba las tropas; 
i era tan profunda la veneración en que le tenian sus subditos que ninguno 
se atrevía á mirarle la cara. Todo el que se llegaba al zipa debía traerle 
alguna ofrenda conforme á sus proporciones, pero él no aceptaba nada de los 
que venían á ser juzgados. Tenia muchos centenares de mujeres llamadas 
thiguyes , pero una sola era reconocida como esposa. Mirábase como hon- 
rosa distinción el que el zipa pidiese la hija ó hermana de cualquier usaque 
ó particular para colocarla en el número de sus thiguyes. Cualquier trato 
ilícito con estas era castigado severamente, i aun se consideraban las mul- 
tas graves que se constituían á pagar los culpables, por evitar la pena de 
muerte, como un ramo pingüe de las rentas del zipa. El heredero del zipa 
era el hijo mayor de la hermana, al cual se hacía entrar desde la edad de 
diez i seis años en una casa situada en Ghia , se sometía á una larga serie 
de ayunos i se le instruía por algunos años. Así este como los demás je- 
fes recibían la investidura de sus oficios de mano del zipa , i desempeñaba 
las funciones de usaque de Chía hasta la muerte del zipa. El cercado de 
este en Muequetá contenia varios departamentos de habitaciones i almacenes 
de ropa i de víveres. Tenia ademas una casa de recreo en Tabio á donde 
iba á bañarse en las aguas termales, i en donde tenia jardines. Otra casa 
tenia en Tinansucá en temperamento templado , en el descenso de la cor- 
dillera, para pasar algunos meses, i finalmente en Theusaquillo, lugar tam- 
bién de recreo en donde después se fundó la capital de la Nueva Granada. 

2* 



i 



22 



A este sitio se retiraba luego que pasaban las ceremonias de las cosechas, 
i cuando la llanura quedaba seca i asolada por el verano. 

Delitos i penas. El homicidio, el rapto i el incesto eran castigados 
con pena de muerte , pero al incestuoso encerraban ademas en un subter- 
ráneo con varias sabandijas venenosas hasta que moria de hambre i ator- 
mentado por los insectos i reptiles. Los sodomitas eran empalados con 
estacas agudas de macana. Al que no pagaba sus contribuciones ó deudas 
le mandaba el usaque un mensajero con un tigrillo pequeño ú otro animal 
semejante de los que criaban con este fin, el cual se ataba á la puerta del 
deudor i estaba obligado á mantenerlo así como al guarda hasta que pagaba. 
El que mostraba cobardía en la guerra era condenado á vestirse de mujer i 
emplearse en los ministerios i oficios de tal, por el tiempo que se le señalaba. 
Los robos rateros i otras faltas se castigaban con azotes i á las mujeres con 
trasquilarlas, afrenta que sentían vivamente, pero que por haberse abusado 
de este castigo después del descubrimiento cesó de hacerles impresión. 
Guando se sospechaba de adulterio una mujer se le hacia comer mucho ají 
ó pimiento ; si confesaba le daban agua i luego la mataban. Si resistía aquel 
tormento por algunas horas, la desagraviaban i daban por inocente. 

Leyes suntuarias. Solo el zipa era llevado en andas por sus subdi- 
tos ó algún usaque á quien el zipa por señalados servicios en la guerra so- 
lia conceder este privilejio. También era preciso licencia superior para poder 
llevar las narices i orejas horadadas i colgarse joyas , excepto los jeques i 
usaques á quienes se otorgaba el permiso al tiempo de darles posesión de 
sus oficios. 

Solo por merced del zipa se podia comer carne de venado, excepto 
los usaques. Esta disposición consultaba la conservación de estos animales, 
que hoi están muí agotados i mui pronto desaparecerán totalmente de las 
planicies frias de la cordillera oriental. 

CAPITULO IV 

Continuación de los anteriores. 

Usos diversos. Guando alguno solicitaba una doncella por esposa, 
mandaba á los padres una manta; si no se la devolvían á los ocho dias, 



23 



enviaba otra, i considerándose entónces aceptado, se sentaba una noche en 
la puerta de la casa de la novia i daba á entender, aunque indirectamente, 
que allí estaba. Entónces se abría la puerta i salia la India con una to- 
tuma llena de chicha que probaba primero i le daba después á beber al 
pretendiente. Los matrimonios se celebraban por ante el jeque , i estando 
los dos contrayentes unidos por los brazos preguntaba el sacerdote á la 
mujer si preferiría el Bochica á su marido, este á sus hijos i si amaría mas 
á sus hijos que á sí misma , i si se abstendría de comer mientras que su 
marido estuviera hambriento. Luego dirijiéndose al marido le mandaba que 
dijese en alta voz que quería aquella mujer por esposa, con lo cual se ter- 
minaba la ceremonia. Mas no se le impedia tener cuantas mujeres podía 
mantener, sobre todo si era usaque, aunque solo una era lejítima. Sinem- 
bargo los ritos matrimoniales variaban mucho en los diversos pueblos de la 
nación Chibcha. 

Luego que el zipa moría, los jeques le sacaban las entrañas, i llena- 
ban las cavidades con resina derretida ; introducían después el cadáver en 
un grueso tronco de palma hueco, forrado de planchas de oro por dentro i 
por fuera, i lo llevaban secretamente á sepultar en un subterráneo que te- 
nían hecho desde el día mismo en que comenzaba á reinar, en parajes le- 
janos i ocultos. De todos los panteones mas ó menos suntuosos imajinados 
por la adulación para los soberanos, el de los zipas de Bogotá ha sido hasta 
hoi el único que no ha sido violado por la posteridad, por la sencilla razón 
de ignorarse donde se halla, á pesar de las exquisitas dilijencias que la 
codicia ha hecho por encontrar alguna de las tumbas. 

Con los cadáveres de los usaques i otros Indios principales, sepulta- 
ban en bóvedas á sus mujeres mas queridas, i á cierto número de sirvien- 
tes á quienes se hacia tomar el zumo de una planta narcótica para privarlos 
del conocimiento, ademas ponían en la sepultura mantenimientos, joyas de 
oro, las armas i la chicha, bebida á que eran tan aficionados, i que se pre- 
paraba con maíz fermentado. Lloraban por seis dias sus difuntos, i les ha- 
cian aniversarios. En estos tiempos repetían cantando tristemente la vida i 
acciones del finado. Al común de las jentes se sepultaba también con sus 
alhajas, armas i mantenimientos, en los campos, sin ninguna señal exterior, 
cuidando solo de plantar un árbol encima para protejer el sepulcro , pero 
jamas desnudos, sino revestidos de sus mejores mantas. 7 Sinembargo mas 
auténticos que los cronistas se vén todavía túmulos ó montones de tierra 



24 



que servían de cementerios comunes i de donde se sacan huesos humanos, 
algunas joyuelas de oro, i cornamentas de venados, que prueban que los 
Indios eran sepultados también con sus trofeos de cacería ó por ventura con 
venados muertos como provisiones de viaje. Los mas considerables que se 
conocen son los del cerrillo del Santuario, cerca del puente Grande, á cua- 
tro leguas al occidente de Bogotá, i los cerrillos de Gáqueza, de donde una 
vez se extrajeron hasta veinticuatro mil ducados en oro. 8 En la provincia 
de Tunja se hallan, en cavernas, muchas momias bien conservadas, i algunas 
con mantas finas i pintadas á mano como las que usaban los Indios prin- 
cipales ; todas están sentadas con los dedos pulgares atados junios, con tor- 
zales de hilo de algodón." 

Vestido de los Chibchas. Los habitantes de esta provincia eran mas 
políticos en los ojos de los cronistas, por ir todos vestidos, ya sea que esto 
provenia de su pudor natural ó como es casi cierto, del temple de su at- 
mósfera i la baja temperatura á que estaban expuestos, mientras que en los 
valles el andar desnudo era mas cómodo pues no aumentaba el vestido el 
excesivo calor que allí reina. En el cuerpo usaban una especie de sayo, 
á manera de túnica, que llegaba poco mas abajo de la rodilla i de ordinario 
era hecho de algodón, con el cual tejían mui bien sus lienzos. Los mas 
comunes eran blancos, pero la jente ilustre ó aquellos que habían obtenido 
el permiso, usaban sus vestidos pintados con tintas negras i coloradas, fundando 
en esto su galardón i riqueza. De algodón hacían también unas mantas cua- 
dradas que les servían de capa. 9 En la cabeza usaban casquetes , por lo 
regular hechos de pieles de animales feroces, como osos, tigres ó leones, 
matizados con plumería de todos colores. Gomo aderezos traian en la 
frente medias lunas de oro i plata , teniendo estas los cuernos para arriba. 
En los brazos se ponían brazaletes hechos de sartales de cuentas de piedra 
ó hueso i ademas adornos de oro en las narices i orejas. Pero la mayor 
gala , siendo esto común á casi todos los habitantes de América , consistía 
en pintarse el cuerpo i rostro con achote {Bixa orellana) i jagua, el primero 
dando un color rojo mui subido i la segunda uno negro , que al contrario 
del primero, es mui tenaz i dura por largo tiempo su mancha. Las mujeres 
usaban una manta cuadrada , llamada Chircate, i envolviéndose en ella la 
sostenían atándola á la cintura con una faja ancha, que en su idioma se 
Jlama Chumbe ó Manre; sobre los hombros usaban otra manta pequeña que 
se llama Liquira, i la prendían sobre el pecho con un alfiler grande de 



25 



oro ó plata llamado Topo, i cuya cabeza es como un cascabel, quedándo- 
les de esta manera descubiertos los pechos. Ellas también, como los 
hombres, usaban del achote i jagua como afeites, para pintarse. 10 Tanto 
hombres como mujeres traían el pelo largo ; estos lo dividían por medio i lo 
dejaban crecer hasta los hombros, i ellas lo dejaban suelto i mui crecido, siendo 
su cuidado el tenerlo mui negro, para lo cual, si por naturaleza no lo era. 
usaban de varios medios que lo ponen de este color, como lejías, i extractos 
de yerbas. 

,, Agricultura , industria i comercio. Ya hemos dicho que los Chib- 
chas carecían de ganados, no conocían el hierro, i sus herramientas para 
el laboreo de la tierra eran de madera ó de piedra, lo que necesariamente 
limitaba sus trabajos para sembrar i preparar la tierra á las estaciones llu- 
viosas, i por lo mismo miraban los años secos como la mayor calamidad 
que podia sobrevenirles. La patata, el maíz i la quinoa (chenopodium gui- 
nea) formaban el fondo principal de sus culturas. Aun se vén terrenos 
incultos hoi en la llanura de Bogotá, ó que solo sirven para crias de gana- 
dos, surcados por anchos camellones que son vestijios de antiguos cultivos 
de estos pueblos eminentemente agrícolas, i á quienes la figura de la rana, 
como el emblema de la humedad, servia de base á su sistema de numera- 
ción i á su calendario. Cosechaban dos vezes al año las patatas i una vez 
el maíz en las tierras frías en donde estaba acumulada la mayor parte de 
la población. Respecto del cultivo de la quinoa , abandonado enteramente 
hoi, ningún detalle nos han trasmitido los cronistas. La semilla de esta 
planta es mui nutritiva, i es de creer que la comían en forma de puches ó 
gachas (masamorra) como los que preparaban con el maíz, sazonadas con 
sal, ají i yerbas odoríferas. En los valles calientes tenían ademas la yuca 
(jatrofa) , la arracacha en los terrenos templados , i algunas leguminosas, 
aunque no sabemos si empleaban la fécula del chocho blanco {lupinus) como 
los habitantes de. Quito. Ignoramos si se servían, como los Mejicanos del 
dulce extraído de la caña de maíz, en defecto de la caña dulce, que fué 
traída del antiguo Continente , ó solo de la miel de las colmenas de abejas 
que son mui abundantes en el declive de la cordillera. El plátano mismo, 
tan abundante hoi en la Nueva Granada, que puede decirse sin exajeracion 
que alimenta la mitad de su población, no se cultivaba ni era conocido en 
otra parte parte que en la provincia del Chocó; por lo menos no he visto 
mencionado este fruto en ninguna relación hasta el descubrimiento del Noa- 

3 



26 



ñama en el cantón Novitá, aunque ciertamente no pudo introducirse en 
América, de Europa ó de los puntos de Africa de donde se llevaron algu- 
nas plantas i en los cuales solo crece una especie; el camburí ó guineo 
[musa sapientium) i nó nuestro plátano arton [musa paradisiaca). 

Mas, el artículo mas importante de producción que les servia para 
los cambios i con el cual se proveían del oro i de otros productos de que 
carecían en su territorio, era la sal de Zipaquirá i Nemocon, que cuajaban 
en vasijas de barro, valiéndose de las abundantes fuentes saladas que bro- 
tan en estos sitios, en donde hoi se explota la sal gema. También tejían 
mantas de algodón, de cuyo hilado se ocupaban las mujeres en el tiempo 
quo no empleaban en las faenas domésticas. Los naturales de Guatavita 
eran celebrados por su habilidad en fabricar con el oro que traian en polvo 
de las orillas del Magdalena ó de la extremidad setentrional de la provincia 
de Guane (Jirón etc.) figuras de todos animales, engastes para los caracoles 
i conchas marinas que servían de copas de lujo en sus festines, i planchas 
delgadas para cinturones ó brazaletes. Los pintores de mantas que se lle- 
vaban á todos los mercados eran también Chibchas." 

Labraban también sobre piedras duras varias figuras en relievo, i 
según Acosta , esta es la única nación del nuevo Continente que se haya 
servido de monedas para sus cambios. La moneda consistía en ciertos 
tejuelos de oro fundidos en un molde normal, sin marca ni seña alguna. 
El valor era estimado por el grandor, pues carecían de peso, i los median 
aproximativamente encorvando el índice sobre la base del dedo pulgar, ó 
bien usando, cuando eran mas grandes, de ciertos cordeles de algodón que 
para el efecto tenían. De medidas de capacidad solo conocían la que servia 
para medir el maíz desgranado, que llamaban aba, como á este grano. ,.Las 
medidas de lonjitud eran el palmo ¡ el paso. 

La feria mas importante i concurrida de los Chibchas era en Coyaima, 
territorio de los Poincos, llamados por los Españoles Yaporogos, del nombre 
de uno de sus caciques. Estos habitaban en ambas orillas del Magdalena desde 
la embocadura del rio Cuello hasta el de Neiva. Allá llevaban sal, esmeraldas, 
mantas pintadas, joyas de oro, i traian este metal en polvo, que sacaban aquel- 
los moradores en mucha abundancia de las orillas de los riachuelos i quebradas, 
i aun zabullendo hasta el fondo de los ríos. Traian los Chibchas de las ferias 
de los paises calientes, mucha cantidad de guacamayas i loros, i luego que 
aprendían algunas palabras los sacrificaban á sus dioses, creyendo que eran el 



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mejor sustituto de los sacrificios humanos. Otra feria famosa se celebraba en 
los términos del cacique Zorocolá, en donde después se fundó el Puente Real 
sobre el rio llamado entonces Sarabita , a que concurrían los Chíbchas del 
norte, los Agataes, Chipataes, i los industriosos Guanes, que se proveían 
de sal, en cambio de oro i de mantas i tejidos de algodón de diversas ca- 
lidades i colores. El punto central de esta feria era una enorme piedra 
aislada ó canto errático, que, quebrada posteriormente, resultó ser mineral 
de plata, de la cual se extrajeron como ochenta marcos, aunque no se ha 
podido hallar el criadero de este metal en las inmediaciones. 

Otra feria habia en Turmequé, cada tres dias, i en ella se veian 
fuera de los frutos comunes, gran cantidad de esmeraldas sacadas de So- 
mondoco, aunque al tiempo del descubrimiento estaba ya bien agotada la mina. 

Ni los edificios ni los muebles de los Ghibchas guardaban proporción 
con las otras comodidades de que disfrutaban. Las casas eran de madera 
i barro i de techo cónico, adornadas de estera de esparto i junco, algunas 
bancas i barbacoas, puertas de cañas, tejidas con cuerdas i cerraduras de 
madera que todavía usan en algunos pueblos. Los fuertes cercados i vastos 
palios flanqueados de estas casas redondas que tenían la apariencia lejana 
de torres, dieron oríjen al nombre de valle de los Alcázares que Gonzalo 
Jimenes de Quesada dió á la explanada de Bogotá. 

El único jefe Chibcha que proyectó construir un templo de piedra 
fué Garanchacha, que usurpó los dominios del zaque pretendiendo ser hijo 
del sol concebido por una doncella de Gachetá. Esta dió á luz una huaca 
que se convirtió en criatura humana, la cual fué criada con veneración hasta 
que, ya hombre, mató al zaque de Hunsa i se sustituyó en su lugar. Este 
fabuloso Garanchacha pretendió, dicen, levantar un templo suntuoso al Sol 
su padre, i para ello mandó que se trajesen piedras i columnas labradas 
de los parajes mas distantes de sus dominios, aunque murió sin haberse 
comenzado la fábrica. 11 

No podemos tenniuar, sin decir algo mas respecto del personage 
misterioso que en tiempos remotos les sirvió de lejislador, i que veneraban, 
nó como á dios, pero como á hombre santo i bienhechor. Algunos lo con- 
funden con el Bochica, pero los escritores mas antiguos lo distinguen, aun- 
que confiesan que era conocido con varios nombres: Nemterequeteba, Xue 
Ghinzapagua (ó enviado de Dios). Este anciano llegó, como hemos dicho, 
por el oriente; traía una barba larga i la cabellera atada con una cinta, una 



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túnica sin cuello por vestido i un manto . anudadas al hombro las puntas ; 
vestido que usaban todos los Chibchas al tiempo del descubrimiento, pues 
el poncho ó la ruana es invención peruana introducida después de la con- 
quista. Halló los pueblos en un estado vecino de barbarie, sin mas abrigo 
que el algodón en rama ligado con cuerdas, con el cual se cubrían, i sin 
idea de gobierno ni de sociedad. Nemterequeteba comenzó sus predicacio- 
nes en Bosa, en donde hallaron los Españoles una costilla que veneraban 
los Indios como que pertenecía á un animal que este misionero habia traí- 
do. 12 De Bosa pasó á Muequetá, Fontibon, i luego al pueblo de Cota, en 
donde era tal el concurso de jentes que venian á oírle, que fué preciso 
hacer un foso al rededor de una colina en donde predicaba ó instruía á 
los pueblos, á fin de poderlo hacer con desahogo. No solo les enseñaba 
á hilar i tejer, sino que por donde quiera dejaba pintados con almagre los 
telares á fin de que no se olvidasen de su instrucción. Siguió luego hacia 
el norte i bajó á la provincia de Guane, en cuyos moradores halló las me- 
jores disposiciones para las artes. No solo enseñaba con su palabra, sino 
con su ejemplo, i su vida durante los largos años que pasó civilizando estos 
indíjenas fué un modelo de virtud. Ultimamente desapareció en Sogamoso, 
dejando, como hemos dicho, un sucesor que continuara la instrucción i la 
guarda de las leyes i reglamentos que habia establecido con asentimiento 
jeneral, solamente por la fuerza de la persuasión i del ejemplo. Como 
prueba de la sabiduría i previsión de este lejislador quiero hacer mención 
de una regla que dejó establecida i que se cumplía todavía á la época del 
descubrimiento, es decir, catorce siglos después de su muerte según la 
tradición de los Chibchas. Dispuso que sí las mujeres lejítimas de los usa- 
ques morían antes que ellos, podían prohibir á sus maridos todo acceso á 
cualquiera otra mujer por un período que no pasara de cinco años. De 
esta manera, los hombres se esmeraban en tener contentas á sus esposas 
de miedo de venganza póstuma, i no pudiendo desarraigar el lejislador 
chibcha la poligamia, inventó este medio de protejer al sexo débil, medio 
que surtió los mejores efectos, aunque es justo decir que los Chibchas tra- 
taban bien á sus mujeres i cuidaban de los enfermos i de los ancianos." * 

* Pedro Simón. Tercera noticia, de la segunda parte de las noticias historiales de 
tierra firme. [Vid. Kingsborough, Mexican Ant. Vol. VIII. p. 219 et seq.] — Piedrahita. 
Conquista del Nuevo Reyno de Granada Parí. 1, Lib. I, Cap. II — IV — Joaquín Acosta. 
Compendio histórico del descubrimiento i colonización de la Nueva Granada. Cap. IX. 



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CAPITULO V. 
Etnolojía de los /trina». 

Algunas pocas noticias añadiré acerca de otra nación cuyos restos 
artísticos representan las Láminas III i IV. 

La nación dé que hablamos, el Arma, fué una de las muchas que 
habitaban el valle del Cauca. Como no hubo tantos viajes á este valle, al mé- 
nos de los cuales se hayan escrito los acontecimientos, ni los autores hayan 
estudiado con tanta pausa como era debido las diversas naciones, tenemos 
que contentarnos con una descripción mucho ménos satisfactoria que la de 
los Chibcbas, pues los datos que á cerca de estos últimos poseemos, perte- 
necen á los mejores retazos etnológicos de América. 

Las costumbres de todas las naciones que habitaban el valle del 
Cauca eran tan parecidas, que bien podia reunirse en la de una gran familia 
la descripción de todas las que habitaban el valle desde Antioquia á Popayan. 
He preferido sinembargo, hacer la narración de una sola, pues es la única 
de la cual doi restos artísticos, reservando la ocasión para mas felices dias, 
en que no solo esta, sino todas las naciones primitivas de la Nueva Granada, 
contribuyan con sus restos artísticos á formar un honroso monumento arqueo- 
lógico, i dén ocasión á una obra mas jeneral. Contentóme al presente con 
hacer conocer solo aquellas naciones cuyos restos artísticos representan las 
láminas que acompañan esta memoria , siguiendo con los Armas. 

La nación de este nombre habitaba, como ya dije, en el valle del 
Cauca, en la banda oriental del rio. i al nordeste de Supía. Por su ter- 
ritorio pasaba el rio del mismo nombre, que aun hoi retiene; el riachuelo 
Arma. La extensión de su provincia era diez leguas de lonjitud, seis la 
latitud i como diez i ocho en circuito, calculándosele una población de ve- 
inte mil almas. Estos terrenos i sus comarcanos son riquísimos en anti- 
güedades. Como lo eran también en oro, la mayor parte de estas eran del 
mismo metal i han sido fundidas; pocas de estas i de las de loza han te- 
nido aficionados de gusto que las conserven. Solo la sociedad Colombiana 
de minas , ha sacado desde 1826 inmensas cantidades de oro labrado , en- 
contrado por los habitantes en los sepulcros que frecuentísimamente se des- 
cubrían. 



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La relijion de esta nación no fué estudiada con el fundamento debido 
i si viejos manuscritos no se sacan á luz, quedará tal vez siempre un se- 
creto insoluble, pues hoi en dia no están ya las naciones en un estado 
normal i propio para sacar del estudio de ellas, conclusiones mui exactas 
acerca de sus antepasados, habiendo sido ya mui contaminadas de la civi- 
lización. Sinembargo, que practicaban la idolatría es mui claro, pues en 
las casas de los caciques se encontraban, bien hileras de ídolos, quince 
hasta veinte en número, puestos á la entrada, ó bien cuartos mui bien ade- 
rezados con estos sus dioses. Los ídolos eran regularmente hechos de ma- 
dera, de figura humana, i con caras disformes hechas de cera, sobre las 
calaveras de aquellos que habían muerto á sus manos. Aunque los histo- 
riadores no mencionan los ídolos de oro , las sepülturas que se han exca- 
vado han dado millones de estos en forma de diversas i bellas figurillas, 
que sin duda también servian para ofrendas. Los habitantes de Anserma, 
comarcanos de los Armas, tenian también en sus cercados tablas en las 
cuales esculpían figuras humanas ó de animales, las cuales adoraban i á 
quienes rogaban cuando lluvia ó sol les hacia falta. Eran pues los dioses 
de la agricultura. 

Algunos pueblos, se supone, creían en la resurrección de los muer- 
tos en diferente forma, la creencia de los budhistas ó lamaistas, pero esto 
parece mas bien conjetura que un hecho histórico. 

Los Armas tenian sus sacerdotes, por medio de los cuales hacian sus 
sacrificios i quienes, como entre los Chibchas, eran los intérpretes entre los 
dioses i ofrendantes Aunque no se tiene noticia de habérseles hallado otro 
adoratorio que los cuartos de los caciques, me parece mui probable que 
también los tuviesen separados, puesto que vivían en tribus ó pueblos esta- 
bles i arreglados; pero sabiendo la avidez que los Españoles tenian por el 
oro, supieron ocultárselos. Tenian incensarios de barro, en los cuales que- 
maban delante de sus ídolos, una mezcla de unas pequeñas i menudas 
yerbas i resinas olorosas. Las ofrendas consistían en oro i en los corazo- 
nes de los prisioneros que en sus guerras prendían, los cuales morian víc- 
timas á su idolatría i poco después eran comidos sus cuerpos por los ofren- 
dantes. Sacrificaban también á sus enemigos en altos tablados, á cuyo re- 
dedor habia un cercado de gruesas guáduas. Subían por una escalera i á 
muchos los colgaban con gruesas cuerdas de fique. 

El gobierno del cacique era despótico; este juzgaba, imponía penas i 



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ora capitán de sus vasallos en las guerras. Estos á su turno tenían que 
labrarle sus campos i labarle ciertas cantidades de oro con las cuales él 
hacia sus cambios con las naciones comarcanas. El cacique tenia muchas 
mujeres, una de las cuales sinembargo, era tenida por la principal. Muerto 
el cacique, envolvían su cuerpo en las mas ricas mantas que tenían, ligán- 
dolo luego con largas cabuyas á las cuales ataban varios aderezos i figu- 
rillas de oro, exactamente, parece, como lo hacían los Peruanos, según la 
descripción i láminas de la excelente obra de Rivero, i Tschudi; i también 
los habitantes de Tunja, cuyas momias no ha muchos años se encontraron, 
pero que según nuestro ilustre compatriota Acosta se lamenta, también en 
pocos años desaparecerán. 13 Entre los Tauyas, también habitantes del valle 
del Cauca, ponian el cuerpo en una hamaca i haciendo fuego al rededor, lo 
secaban perfectamente, envolviéndolo luego en mantas para preservarle por 
algunos años en la casa de sus deudos, ántes de darle sepultura. Esta era, 
bien en la misma casa, ó en las cimas de altos cerros ó colinas elevadas 
á donde hacian grandes bóvedas bien enlosadas. El día del entierro se 
juntaban sus deudos i parientes á presenciar la ceremonia i contribuir á 
ella con sus pésames, lloros, lamentos i embriaguez. Enterraban al cacique 
con sus armas, joyas, plumaje, oro, comestibles i chicha, de la cual todos 
participaban en alto grado. Ademas enterraban con él á sus mujeres mas 
queridas i á algunos sirvientes que para la ceremonia preparaban i ponian 
beodos. Estos debían acompañarle en su resureccion. El fin de esta cere- 
monia, como entre muchas otras naciones, era la perfecta embriaguez, con 
la cual parece querían deshacerse del dolor que la muerte les causaba , ó 
solo servia de un pretexto para dar lugar á su apetito , convirtiendo un 
entierro doloroso en una fiesta de alegría. En el cacicazgo heredaban al 
padre sus hijos, pero á falta de ellos lo hacian los sobrinos hijos de la her- 
mana i nó del hermano. 

Por lo jeneral eran estos Indios de pequeña estatura i el bello sexo 
no poseía aquellos atractivos exteriores que, si no comunes, al ménos no 
faltaban en otras naciones, á lo cual contribuía mucho su poca limpieza. 
En las narices como en las orejas traían dos botoncillos de oro ó un clavo 
con dos cabezas; los de Cali traían en su lugar un alhambre de oro, re- 
torcido en forma de tornillo i llamado Curicuris (Fig. 6 Lám. IV), regular- 
mente en las narices, pero aun también en las orejas. En el cuello usaban 
bellas gargantillas de oro i ademas otros aderezos del mismo metal en el 



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resto del cuerpo. Andaban casi desnudos, pues solo tenian una pequeña 
manta de un palmo de ancho i palmo i medio de largo que les cubria del 
vientre á los muslos; llamábase maure, i era sustituida algunas veces por 
un gran caracol de oro. En algunos pueblos usaban una manta larga los 
hombres i las mujeres un faldellín, pero jeneralmente este era el vestido mas 
bien de los caciques i personas distinguidas que del común del pueblo. 

Eran los Armas gran comerciantes de sal, que de fuentes salobres 
sacaban, evaporando el agua de estas en grandes tinajas de barro. En 
muchas partes conducían el agua de las fuentes en tubos de guádua, al 
lugar donde se evaporaba. El artefacto era en jeneral excelente sal blanca, 
pero muchas veces , debido á la orijinal impureza del agua, era la sal negra 
i de mal sabor. Eran peritos en el laboro del oro i los restos artísticos 
que tenemos en tierra cocida no los deshonran. Hacían sus maures i vesti- 
dos de cortezas de palo (vid. Nota 10 ) , pero también hilaban i tejian bien 
el algodón. Uno de los pendones de huso, hecho de barro, he dibujado i 
se vé en las fig. 3 i 4, Lám. II. También eran agricultores i aquí la jene- 
rosa naturaleza premiaba mas que abundantemente sus pocos esfuerzos. 
Los valles parecían á los Españoles jardines ó huertas, tan bellamente sem- 
brados estaban de todas clases de frutas i raízes de que ellos se servían 
para su mantención. Sus alimentos eran, carne humana, pescado, que solo 
á palos mataban en los ríos, que brotaban de llenos, maíz, yuca, que sabían 
cocinar mui bien, palmitos i luego todas las deliciosas frutas con que la 
prodijiosa vejelacion tropical los regalaba. 

Vivían unidos , en pequeños pueblos edificados en los valles ó en 
las planicies de las colinas. Sus casas eran grandes , redondas i bien for- 
tificadas por medio de cercados de gruesas guaduas que las rodeaban i que 
para plantarlas allí, arrancaban estos moradores de á raíz. Sus paredes eran 
hechas de grandes vigas, puestas perpendicularmente i la armazón terminaba 
en la parte superior en un arco bajo , sobre el cual edificaban el cobertizo 
ó tejado, ele paja. Dentro de la casa tenian varios aposentos bien esterados, 
i tantos , que hasta viente vivían en una misma casa. El lujo no les fal- 
taba pues los Españoles conquisladores vieron mui ricos vasos de oro, al- 
gunos que contenían dos azumbres de agua, que usaban para beber su chi- 
cha. Ademas ha pocos años se descubrió una canastilla de tierra cocida, 
grande i de una forma que causaba admiración i ciaba idea del buen gusto 
del autor. En algunas casas habia también un cercado de guáduas secas, con 



33 



puntas, en las cuales blanqueaban las calaveras de aquellos que habían sido 
presas de sus enemigos i víctimas de su antropofaguía. 

El carácter de los Armas era mui recio é indomable i preferían morir 
á manos de otros Indios enemigos i ser devorados por ellos ó darse la 
muerte á sí mismos , ahorcándose , que entregarse á los Españoles , quienes 
varias veces presenciaron . bien á su pesar , estos dos actos que probaban 
ó su terror ó aborrecimiento. 

Para ir á la guerra se ponían coronas de oro . i patenas del mismo 
metal en el pecho, bellísimas plumas i mil otros aderezos de oro, de suerte 
que se decia que ,,iban vestidos de oro de pies á cabeza." Iban mui bien 
armados - i de aquí el nombre , armas - , llevaban bozinas ó trompetas, 
banderas , dardos , flechas , lanzas i macanas i sin duda hondas también. 
Su música era de tambores, flautas i otros instrumentos peculiares á ellos. 
Las banderas eran hechas de una pequeña manta de algodón, puesta en 
una asta i tanto esta como aquella adornada con pedazos de oro como 
estrellitas i muchas de gran valor, como la que Jorje Robledo conquistador 
de estas naciones, recibió de regalo. Eran valientes i atrevidos, i los pri- 
sioneros que cojian eran víctimas de diversos modos. A algunos les saca- 
ban el corazón delante de sus ídolos i comiánselos después , á otros los 
colgaban con fuertes cabuyas de sus altos tablados. Estas cabuyas eran 
criznejas mui largas i fuertes. Otros , por fin , eran llevados á los pueblos, 
allí encerrados i cuando estaban gordos hacian un suntuoso manjar para 
satisfacer el voraz apetito de sus señores. En un pueblo comarcano habia 
una gran casa en la cual se encontraban las cutis de estos miserables cau- 
tivos , tanto hombres como mujeres , llenas de ceniza , i bien preservadas, 
las caras hechas de cera i todas estas momias paradas formaban una gran 
colección , el orgullo del cacique. 

En sus festines tenían usos parecidos á los de los Chibchas , su fin 
era emborracharse con chicha , cantando en intervalos sus canciones patri- 
óticas, en las cuales notaban i lamentaban sus necesidades presentes, i 
exaltaban los hechos de sus pasados. 

Como ya se ha notado , estos Indios i sus comarcanos eran antropó- 
fagos en exceso. No solo se comían á sus prisioneros sino que también sus 
propios hijos eran víctimas de esta infernal costumbre. Los caciques de 
Nore hacian prisioneras las mujeres de pueblos enemigos i vivían con ellas 
como con sus propias esposas. Los hijos que de ellas tenian eran su manjar 

3* 



34 



delicioso. Otros caciques hacían que los prisioneros viviesen con sus muje- 
res ó parientas para que produjesen pasto á su insaciable hambre ; por úl- 
timo estos jenitores una vez impotentes, seguían el mismo hado que sus 
desgraciados hijos. Así pues vivían en la mas horrorosa barbarie estos 
primeros habitantes del bello valle del Cauca, cuyas riquezas son incalcula- 
bles . cuyos hijos hoi en día industriosos i cuyo futuro sin duda será 
brillante en la historia neo - granadina. * 



CAPITULO VI. 
I^a escultura en América. 

Dos pueblos hemos ya conocido por sus usos i costumbres , hemos 
recorrido su historia i delineado tan bien como nos era posible el estado 
de adelanto ó atrazo intelectual i material. De estos pueblos pues, es que 
tenemos que juzgar las obras artísticas. Sinembargo para tener lugar de 
comparación i extender también nuestra vista , haré preceder una corta 
noticia de la escultura en América. 

A viajeros tanto como á escritores ha causado admiración la escul- 
tura indiana , cambiado sus ideas i tal vez producido un sentimiento mas 
de apego , una mirada compasiva hácia los artistas que un dia ejercitaban 
sus talentos , en los restos que nos quedan. Aun en las naciones mas 
cultas ha sido dificilísimo hacer una historia de la escultura entre ellas; 
nosotros por ahora tenemos que dispensarnos de este trabajo, pues la falta 
que sentimos, no comprendiendo bien los quipus peruanos, (nepohualtzitzin 
de los mejicanos) los jeroglíficos de estos , i varios otros documentos anti- 
guos , es del todo imposible hacer apuntes históricos. 14 Los primeros 
moradores de América nos han sido conocidos con sus obras i ellos mis- 
mos tal vez no tenian ni noticia del oríjen de sus artes ni de su adelanto 
progresivo. 

Entre casi todas las naciones de los Indios primitivos , se descubre 
un gusto , un estilo particular ; este es el de obras minuciosas i compli- 
cadas , tanto en sí mismas como en sus adornos. Entre las pinturas meji- 

* Pedro Cieza de León. Clónica del Perú Part. I. Cap. XVII i sig. 



35 



canas , encontramos muchas mui análogas á las de los Hindos ; la diosa 
Siva de estos , se vé casi exactamente entre las pinturas mejicanas ¡ no así 
con la escultura, en la cual difieren aun mas las dos naciones. La pacien- 
cia con que debian labrar las piedras , de que hacian labores complicadí- 
simos i grandes , teniendo mui malos utensilios , dá una idea de estadio 
i firmeza del carácter de los Indios , que honraría á todo artista. 

De las naciones americanas debemos considerar la Mejicana la escul- 
tora por excelencia , á juzgar por las obras que aun tenemos ocasión de 
ver. En tierra cocida , en piedras duras , en aderezos i en grandes esta- 
tuas tenemos ejemplos del escultor mejicano. Los mas bellos restos artísti- 
cos de mano indiana son los de Yucatán i de otras partes de Méjico i de 
Nicaragua. La gran piedra sobre la cual hacian sus sacrificios los Mejicanos, 
que antes estaba en la Catedral , ahora creo en el Museo de la misma 
ciudad, es una obra célebre en el mundo. Tiene veinticinco piés de circun- 
ferencia , en el centro una cabeza , en relievo , i esta rodeada por veinte 
grupos de dos figuras cada uno. Como otro ejemplo citaremos el ídolo ó 
diosa Teoyamiqui, obra hecha de una sola pieza de basalto, de forma ter- 
rible , como otra Medusa , llena de culebras i compuesta de partes de di- 
versos animales i de dimensiones colosales. Según Ampére está compuesta 
esta estatua en jeneral de dos figuras ó deidades , Teoyaotlatohua i Teo- 
yamiqui i pertenece á las obras de mas mérito que hoi se encuentran en el 
Museo de Méjico., El señor Stephens en sus excelentes obras sobre el 
Yucatán ha mostrado cuán rica es esta parte en grandiosos restos del im- 
perio Azteca , i las láminas que las acompañan son el criterio mas cierto de 
lo adelantado del arte entre estos pueblos. Muchas obras i ciento se mé- 
rito podia citar aquí, en las cuales los Mejicanos han desplegado sus talen- 
tos, pero una revista tan sucinta como la que me propongo no lo permite. 
Los estudios arqueológicos han sido ultimante llevados á las repúblicas de 
Centro América i el señor Squier con la maestría que ya había mostrado 
en sus obras sobre las antigüedades de algunas partes de los Estados Uni- 
dos , ha descrito las de Nicaragua en la historia de su viaje. El estilo de 
estas obras es en jeneral mui parecido al yucateco i tal vez pertenecen á 
la misma época en que la escultura floreció en estas partes de América. 
Si ademas notamos las obras tan varias que se han encontrado hechas de 
barro ó tierra cocida , tendremos un sinúmero de pruebas de lo mui ade- 
lantados que estaban los Mejicanos en el arte plástico , pues no solo se 



36 



restrinjian á hacer vasos i utensilios económicos , sino que también hacían 
figuras humanas , estatuas é ídolos , flautas con dos , tros ó cuatro agujeros 
i otros instrumentos de música , cabezas de pipas (churumbelas) con gro- 
tescas figuras de pájaros , zapos etc. las cuales muestran tanto su buen 
humor como su injenuidad. 

En el Perú no era el arte de la escultura menos conocido ni sus 
habitantes le hacían menor honor. Ellos sinembargo toman el primer lugar 
entre las naciones americanas por su arquitectura. Los grandiosos edificios 
i excelentes calzadas que fueron construidas en el tiempo de los Incas aun 
son admiradas por todos i solo encuentran un rival en Méjico , pues la „Casa 
del gobernador" que Stephens describió, merece toda la alabanza que al 
sólido mérito artístico se debe. Los labores en tierra cocida que poseemos 
de esta nación pertenecen á los mas exquisitos de América. Sobre todo 
eran los Peruanos diestrísimos en labrar el oro i los artistas eran mucho 
mas adelantados que aquellos de entre los Ghibchas, pues la rotundidad 
de sus formas, lijereza en el movimiento , acierto en la posición i proporción 
de sus partes i así la verdadera forma natural que ellos se esforzaban á 
representar con el dócil metal, están muí fuera del alcance de los ídolos 
neo-granadinos que representa la Lámina I. 

Las varias figuras con que el señor d'Orbigny hizo acompañar su 
obra , restos de la escultura Boliviana i lo mismo el señor Gay respecto á 
Chile , bien nos nuestran que estos paises tampoco carecian de buenos artis- 
tas americanos. Por fin , los primeros moradores de la Nueva Granada si 
no descollaban , al ménos no carecian de mui regulares artistas. Una ca- 
beza labrada en piedra dura, cuarzo verde, transitorio al hornstein, i traída 
por el sabio Humboldt de su viaje en la Nueva Granada , es la única obra 
de escultura que hasta ahora poco se haya hecho pública , pues él la hizo 
gravar en su bellísima obra „Vues des Cordilléres" (Plan. 66). Según el 
dibujo esta obra es mui regular en sus proporciones , expresión i ejecución. 
El aderezo de la cabeza es de notarse especialmente pues que es de un 
estilo verdaderamente agradable. Otra pequeña obrita, mui sencilla pero 
regular en sus proporciones también de una piedra verdusca, al parecer 
chisto de talco (taUischiefer) , tengo al presente (vid. Lám. IV, fig. 4 i 5) 
i solo serviría de aderezo pues no es otra cosa que dos conos unidos por 
su base, pero tan redonda, pulida i regular como el mejor tornero podía 
hacer : la piedra es á la verdad bastante blanda pues se puede cortar 



37 



fácilmente con una cuchilla. De notarse son los agujeros que se encu- 
entran tanto en la cabeza descrita por HumbolcU como en esta pequeña 
figurilla, de una pulgada de extremo á extremo. Su uso en esta última es 
algo claro, pues debian servir para un hilo al cual la colgarían del cu- 
erpo, pero en la otra, si no fuesen hechos con el mismo objeto no sabe- 
mas con cuál. 

De las obras en tierra cocida tenemos muchos restos de los artistas 
neo-granadinos i aun se encuentran en cantidad considerable. 15 De los 
Chibchas sé yo de bellas sillas de barro, de instrumentos de música, que 
hoi en dia arqueófilos neo-granadinos i algunos museos poseen i varios 
otros restos de su habilidad, pero cuya descripción, ya que no puedo repre- 
sentarlos en dibujo, omito por no hacerme confuso. Los Araucas, habitan- 
tes de la sierra de Santa Marta eran también expertos en el arte, pues 
nuestro compatriota Acosta bien lo muestra en las láminas tercera i cuarta 
de su excelente obra sobre el descubrimiento de la Nueva Granada. Sin- 
embargo las caras de las figuras en el a dora torio (Lám. 4) tienen un ca- 
rácter tan chinesco ú oriental que parece no fué mui exacto en su ejecución 
el gravador, siendo la expresión totalmente extraña, á toda cara ú obra de 
los Indios. En fin los Chibchas eran, así como otros habitantes de la Nueva 
Granada, mui regulares plateros, de lo cual sinembargo trato mas adelante. 

Labraban la madera mui bien, pues Cieza de León nos refiere de 
las muchas estatuas, hechas de ella, que por todas partes se encontraban 
en el valle del Cauca del tamaño natural i aun una con los brazos abier- 
tos, es decir, ya apartándose, en lo libre de su posición, de las primitivas 
columnas estatuarias que así como entre los Griegos al principio del arte, 
hasta el tiempo del famoso artista Dédalo, así también se usó entre los habi- 
tantes de América. El señor Rivero descubrió una clava ó maza en Tunga 
(cerca de Pasto) en la Nueva Granada, que según él, es exactamente como 
las mazas que usan los habitantes de la Nueva Zelandia i otras islas del Pa- 
cífico, (Véase Lám. 33 de las Antig. Peruanas) i la madera es chonta [Gui- 
lielma speciosa ó Martinezia ciliata) i mui dura. 

He visto yo ademas un canalete labrado en Cartagena , en la pose- 
sión del señor Degenhardt, que muestra en su forma como en sus adornos 
un gusto mui refinado i que los habitantes han usado instrumentos muí 
pequeños i mui cortantes. Es posible que este canalete date desde poco 
después de la conquista, cuando los Indios pudieron obtener algún instru- 

4 



38 



mentó de hierro , pero la falta de autenticidad de su verdadero oríjen en 
cuanto al tiempo, ha sido la causa de no dibujarlo. 

Es probable que los primeros habitantes de la Nueva Granada hayan 
usado otros instrumentos cortantes que los hechos de piedra , para ejecutar 
sus labores. Gomo hemos visto hai una, aunque débil conjetura, de que 
los Indios de Norte América conociesen el hierro ; los Mejicanos, según Hum- 
boldt, sin duda lo conocían aunque nó su uso; en el Perú , como ciertamente 
en el norte, se servían del cobre, pues se ha encontrado un escoplo de 
este metal i del mismo hai muchas lanzas i otros instrumentos en el museo 
de Lima i algunos de ellos están dibujados en el atlas de las Antigüeda- 
des Peruanas. De los Chibchas i Neo-granadinos en jeneral no podemos 
hacer aserción ninguna hasta el presente , pero sí tenemos razón de sos- 
pechar que usaron otros instrumentos i de esperar que no estarán aun 
mucho tiempo envueltos en la oscuridad que cubre los restos arqueolójicos 
de nuestra patria. Se ha supuesto que se servían de una mezcla de cobre 
i estaño para labrar piedras duras. La discusión de este punto, por no 
repetir, se verá en lo que sigue. 

Esta cortísima revista de la escultura en América nos dá al ménos 
una idea, i esto solo es lo que me propongo, de lo que ántes de la con- 
quista por los Españoles se había hecho en América por este arte. Báste- 
nos, pues, esto para entrar á considerar las obras que en las láminas que 
acompañan esta memoria se encuentran dibujadas i sea también un término 
de comparación que nos haga asignar el lugar que es debido á la escultura 
neo-granadina entre la de las otras partes de América. 

CAPITULO VIL 

Sobre los Tunjos de oro. 

Los tunjos de oro, según hemos visto, pueden provenir de tres par- 
tes diferentes: La mas común, de las sepulturas, que el accidente ha des- 
cubierto i que han sido excavadas, i á donde con los cuerpos, los Indios 
enterraban sus tesoros; la segunda, de los receptáculos de los adoratorios, 
los cuales una vez llenos de ofrendas de oro eran enterrados por los sa- 
cerdotes en lugares ocultos; i por último pueden encontrarse en los lagos 



39 



i los rios. Sabemos que los Chibcbas tenian una gran reverencia por 
las aguas, ya que de un lago habian salido sus primeros padres, el de 
Guatavita siendo el ejemplo mas brillante que sobre la materia paseemos: 
también allí, como en otro adoratorio i casa santa, inviolable por manos 
humanas, depositaban sus ofrendas. El rio Bosa, cerca de Bogotá, era 
también receptáculo divino, como veremos en el apéndice. Debido pues á 
esta diversidad de proveniencia i no habiendo encontrado yo mismo estos 
tunjos no me es dado nombrar su su exacta localidad. Todos ellos fueron 
enviados de la ciudad de Bogotá i eso hace mui plausible la idea de que 
son obras chibcbas, como lo creo yo; sinembargo en el valle del Cauca se 
encuentran de las mismas figurillas en los túmulos que se han excavado, 
i exactamente del mismo estilo. 

Lámina I. La primera figura representa á Bachue i á su esposo, 
quienes después de haber poblado el mundo , se volvieron á la laguna de 
Iguaque i allí se convirtieron en serpientes, en cuya forma alegórica los te- 
nemos aquí. Muchas veces, sinembargo, representaban los Chibcbas á Ba- 
chue en figura humana, en estatuas de madera i de oro, como á una mujer 
con un niño. En la figura tenemos las dos serpientes enroscadas en forma 
de en sobre un pequeño alhambre ó asta en cuya extremidad superior hai 
unos pocos adornos de delgados alhambres. 

La Fig. 2 a representa al hombre, al guerrero que, con la macana ar- 
mado, nos está diciendo su profesión. A los lados vemos los dos bucles 
de cabello que aun hoi en dia usan los Indios en Bogotá , pues solo dejan 
crecer el pelo suficiente para formarlos i que luego al caer al lado de la 
cara trata de enroscarse. En la cara se notan dos pelotitas de oro que sin 
duda se le cayeron al platero durante su trabajo pues en ninguna manera 
pertenecen á la figura. 

La Fig. 3 a es la mujer, cuyo único aderezo es una gargantilla que al 
cuello tiene. La especie de borla que al lado de la cara tiene no puedo 
decir si es pelo ú otra cosa. Como las figuras todas están representadas 
sin vestido alguno, vemos claramente, al menos en estas dos últimas, que 
el artista quiso en realidad representar al varón i á la hembra. 

Las Fig. 4 a i 5 a son todas de alhambre , i solo aderezos i objetos de 
lujo. La Fig. 6 a no tiene nada de particular, pero la 7 a que es el reverso 
de la anterior es interesante por estar formada de tres piezas la plancha 



40 



principal, las cuales no pueden haber sido unidas entre sí de otra manera 
que soldándolas. 

La Fig. 7 a es parecida á la Fig. 6 a pero es la mas perfecta de todas 
en su ejecución. En todas las demás las cejas son hechas por un solo 
alhambre en línea recta; aquí forman, como en lo natural, dos alhambres 
las dos cejas i estos son encorvados, i nó en linea recta. Las narices ade- 
mas son mas naturales i aunque en el resto la figura se conforma con el 
estilo usual, muestra sinembargo que el artista era mejor copiador de la 
naturaleza, apartándose de los modelos de sus contemporáneos ó prede- 
cesores. 

La Fig. 9 a por fin , es la de mayor valor artístico. Las diversas par- 
tes de la cara están situadas con mejor proporción i si bien en las orillas 
aun han quedado pedazos de oro pegados, en jeneral hai cierta limpieza 
en la ejecución de esta figura que no poseen las otras. Lo mas notable, 
sinembargo, es que los brazos i las piernas proyectan sobre el plano del 
resto del cuerpo lo que no sucede en ninguna de las otras. En la mano 
izquierda tiene un bastón á manera de un cetro i en jeneral parece esta 
figura haber representado un cacique acurrucado, posición tan común entre 
los Indios. 

Las figuras son todas del tamaño natural i las he dibujado con el 
mayor cuidado posible para dar una idea exacta. El espesor de las plan- 
chas es diferente; en algunas, como Fig 2 a i 8 a , es una lámina delgada, 
mientras que en otras, como 6 a i 9 a tiene esta como un milímetro de grueso. 

Los tunjos que representan al hombre consisten en una plancha de 
metal á la cual se han soldado los alhambres que denotan por su forma i 
posición las diversas partes del cuerpo ; así v. g. la mano es hecha con 
dos alhambres concéntricos i solo tiene cuatro dedos, i lo mismo los pies. 
Podemos pues considerar estas figuras, en jeneral, como un alto relievo, 
por decirlo así, pues por detras no tiene la figura sino una superficie plana. 
(Fig. 7 a ). 

Los indíjenas de la Nueva Granada conocian el oro, la plata i el 
cobre. Sabian fundir el metal, vaciarlo, soldarlo i tal vez batirlo. Usaban 
para fundirlo de ciertos hornillos que, según Alcedo, se han encontrado en 
las cercanías de Guatavita, pero de los cuales no dá descripción alguna. 
Los Peruanos sabemos que usaban hornillos provistos con tubos de cobre 
para conducir el aire con que acrecentaban el fuego i no es de dudar que 



'41 



una maniobra semejante acompañase á los de los Guata vitas, ó bien podian 
haber usado estos, como los antiguos Ejipcios, cañas de madera, cuyo 
extremo era guarnecido con una punta ó lámina metálica. Los crisoles que 
usaban los Guatavitas no son conocidos , pero tengo el placer de poder 
mostrar los que los Armas usaban (Lám. IV, fig. 2), los cuales serían pues- 
tos en la mitad de carbones candentes hasta que se derritiese el oro que 
contenían, al uso de los Ejipcios, quienes muchas veces no se servían de 
hornillos. En algunos de estos crisoles aun se ha encontrado el oro derre- 
tido, lo cual no nos deja duda de su uso. Los moldes que los Peruanos 
usaban para vaciar sus obras eran de cierto barro mezclado con yeso. 
Tenían estos también el arte de cincelar sus obras con tanta perfección que 
no se distingue en ellos la menor desigualdad que del molde resultaría. 
Parece que el modo probable de ejecutar los Guatavitas sus obras, es el 
siguiente: En una matriz de la forma de la plancha, compuesta de dos partes, 
se echaba el metal derretido, lo cual dejaba la superficie de la lámina me- 
tálica al enfriarse, sin politura, debido á las borbojas de aire, pero mucho 
mas á la superficie áspera que el molde ó matriz debia tener á causa de 
la imperfección con que preparaban el barro de que se servían i cuya tex- 
tura granulosa se imprimía en la plancha metálica. Que esta era fundida 
i no batida i que la matriz se componía de dos partes, como es usual hoi 
en día, se deja muí bien ver en la Fig. 9% pues en las orillas de esta hai 
pedazos de metal derretido i allí pegado, cuya superficie no nivela ni con 
el uno ni con el otro lado de la lámina, está en medio i sería, pues, la 
parte del metal que salió por la hendija que dejaron entre sí las dos par- 
tes de la matriz al cerrarla i que no ajustaban bien. 

El modo de fabricar el alhambre les debia ser fácil i bien conocido, 
pues todas las partes del cuerpo humano son hechas de él. Que el modo 
que ellos tenían de fabricarlo no era el que hoi se usa, lo muestra mui 
bien la Fig. 5 a cuya áspera superficie no nos deja duda alguna, ademas 
que, según Beckmann * el modo de fabricar el alhambre que hoi se prac- 
tica, fué invención del siglo catorce. Que tampoco usaron los Indios el 
método practicado por las naciones clásicas en los tiempos primitivos, cor- 
tando tiras de una lámina metálica i luego redondeando estas á fuerza de 
martillo **, parece poderse deducir de la perfecta ausencia de las encalla- 

* 93eítráge jur ©efcfyícfyte bet (Sntbedungen. 

** Exod. XXXIX. Homer. Odyss. lib. VIII, 273—278. 



42 



duras vi ondulaciones que el martillo produce en una superficie, i la pre- 
sencia de concavidades mui pequeñas i redondas, solo reconocibles por las 
partículas negras que en ellas han entrado , cuyo lugar ocupaban los pe- 
queñísimos granos de la arena del molde. Me parece pues que el único 
modo que podian emplear era horadar, en forma cilindrica, el barro ó arena 
que servia de matriz; hacian un cañuto, i en este echaban el oro derretido- 
Es posible sinembargo, que hayan usado el martillo, como los antiguos 
pueblos de Europa , aunque nos parezca mas difícil de creer. 

Los alhambres ya cortados i habiéndoles dado la forma requerida, 
eran pegados á la plancha metálica. Debemos notar aquí, que entre el al- 
hambre i la plancha no hai sustancia extraña, no hai soldadura. Es pues 
necesario creer que la lámina aun estaba semifluida ó al menos blanda» 
mientras hacian el resto del cuerpo, i esto lo hacen mui probable los gra- 
nos de oro que se encuentran pegados irregularmente en los tunjos (fig. 2 a ) 
i en partes tales, que debemos enterarmente prescindir de la idea que eran 
puestos allí intencionalmente. Este me parece el método probable que se- 
guían, visto que es mui difícil decidir si hai verdaderas soldaduras ó nó. 
El señor Meyer, quien cuidadosamente observó las canopas ó ídolos de oro 
conservados en el museo de Lima, dice expresamente que no tienen solda- 
dura alguna i con él otros autores. Al contrario, en la excelente obra de 
los señores Rivero i Tschudi se nos asegura de la manera mas positiva (pág. 
217) que sí son soldadas. Es pues posible, aunque improbable, que tam- 
bién las haya en las nuestras, apesar de que ni los plateros á quienes he 
preguntado ni yo, hayamos podido descubrirlas entre los alhambres i la 
lámina que forma la base de la figura. Pero que nuestros Indios conocian 
el arte de soldar, el cual ya en tiempos mui remotos conocian los Ejipcios, 
no queda la menor duda, como hemos dicho, si examinamos la Fig. 7 a , pues 
ahí, siendo los pedazos tan cortos i el metal tan buen conductor del caló- 
rico, se derretiría toda la pieza al hacerlo una de sus extremidades. 

Ultimamente, podian vaciar toda la figura de una vez, como hoi se 
practica aun con las mas complicadas, pero las planchas de algunas de es- 
tas figuras son tan delgadas que hacen mui improbable esta opinión i así 
creo la mas razonable la que he dado. 

Las obras de oro de los habitantes de la Nueva Granada se pueden 
distinguir al momento de las peruanas por cierto carácter peculiar que el 



43 



ojo práctico al momento nota. Las de los Peruanos son rotundas , mas li- 
vianas en sus formas, huecas i mas delgadas, según Meyer, miéntras que 
las nuestras son planas, macizas i de una dureza en sus formas que nos re- 
cuerdan las ejipcias. Así, las Fig. 3 a i 7 a , Lámina VIH de las Antigüeda- 
des Peruanas por Rivero i Tschudi , nos parecen al momento tan diferentes 
de las otras que en dicha lámina se encuentran , como también en la ante- 
cedente, que por poca fé que tengamos, al menos debemos creer que per- 
tenecen á otra escuela de platería. Es posible, i mui probable que sean 
de la Nueva Granada pues, si, como sabemos, los Guatavitas obtenian su 
oro de distantes pueblos por cambios i lo volvían labrado; no parece im- 
probable que sus obras hayan llegado de esta manera aun hasta el Perú. 
Mas probable es, sinembargo, que los Guatavitas hayan ido á ejercer su 
oficio al Peni. De esta emigración tenemos un ejemplo incontestable en el 
Chibcha que dió noticia en Quito á Belalcázar de su rei Bogotá i de las 
ricas provincias que luego llamaron los Españoles „el Dorado". Allí pudie- 
ron ir también á perfeccionar su arte, con rudimentos de platería ya mui 
arraigados en ellos para dejar su estilo, aun en las obras que producían 
en el Perú. Tal es el imperio de las costumbres, i al habitudo es tan 
atractivo un estilo convencional, que tal vez se prefiere este á una copia 
mas exacta de la misma naturaleza. Un ejemplo tenemos en la escultura 
atrazada de los Ejipcios, la cual quedó intacta aun después de la invasión 
de los Griegos i Romanos, i otro es el de los Chibchas, que acabamos de 
mencionar. 

Es posible que el arte del platero les haya venido á los Chibchas 
del antiguo Continente ó bien de otra nación americana mas adetantada, 
pero no hai duda que ellos hicieron progresos en su arte i que como cual- 
quiera otra nación tenían su escuela ó estilo particular. Con Vater dire- 
mos, que los productos de una cierta media cultura en los pueblos, tie- 
nen frecuentemente una fisionomía tan semejante, que ellos muestran, me- 
nos una misma proveniencia, que la igualdad de resultados de las fuerzas 
humanas en iguales grados de cultura, i así no solo debe ser la semejanza 
en los resultados, nuestro criterio para la unidad de oríjen. Mui interesante, 
seria conocer minuciosamente el arte del platero según era practicado por los 
antiguos Neo-granadinos, como también dar una descripción de sus instru- 
mentos, pero desgraciadamente ni de los de estos, ni de los Peruanos, te- 
nemos datos suficientes para hacerlo. Esta tarea está reservada para un 



44 



escritor venidero mas afortunado, cuyas investigaciones en nuestro suelo 
patrio sean coronadas con buen éxito. 

Como no deja de ser interesante, á la vez, saber la composición de 
los ídolos antiguos i metálicos , he hecho dos análisis químicos de los tun- 
jos n" 2 i 8, pues de ahí podremos sacar algunas comparaciones i también 
algo perteneciente al arte de los antiguos moradores de América, como es, 
por ejemplo, el de la aligación. 

El metal de la fig. 2 a es rojizo i parece , á la vista , contener mucho 
cobre, el de la fig. 9 a , por el contrario es blancuzco i guia á la idea de 
cjue contine mucha plata en su mezcla. Los análisis no conciertan, sinem- 
bargo , con estos presupuestos exteriores. El que ha visto, como yo, di- 
versas muestras de oro nativo una junto ó la otra , habrá notado al mo- 
mento , cuánto varia su color , teniendo por lo demás una composición 
mui semejante. 

Si el metal de estos tunjos se calienta al rojo, se cubre de una 
capa negra, mui delgada, de óxido de cobre, casi momentáneamente, i 
parece , con producción de luz. Al lavarlo con ácido clorhídrico , para 
disolver este óxido, se pone, después de limpio, de un color amurillo claro, 
casi exactamente el mismo que orijinalmente tenia el metal del tunjo n° 9 
i que sin duda proviene de haberse cubierto con pequeñísimas partículas 
del cloruro de plata, que es blanco recien preparado, pero expuesto á la 
luz sé vuelve morado i al fin se descompone dejando solo el óxido negro 
de plata , efecto de las materias orgánicas suspendidas en el aire. Por fin, 
si se trata el metal de estos dos tunjos así blanqueado , con amoniaco, 
para disolver el cloruro de plata, toman ámbos un color rojizo igual al del 
n° 2. Vemos , pues , que la coloración de estos metales , aunque sí de- 
pende en parte de su composición, también es debiba á causas externas. 

El análisis de una liga semejante es tan sencillo que no hai para 
qué decir nada sobre él i solo sí los resultados. 

De la fig. 2 a tomé un pedacito que pesaba 0.03002 gramos i 
encontré : 

Oro = 0.01640 ó 54.63 por ciento. 
Plata = 0.00491 ó 16.31 „ „ 
Cobre = 0.00880 ó 43.70 ■ „ 

0.03011 100.25 



45 



De la fig. 9 a tomé un pedacito que pesaba 0.05967 gramos i 
encontré : 

Oro = 0.0273 ó 45.91 por ciento 
Plata = 0.0063 ó 10.55 „ „ 
Cobre = 0.0261 ó 43.70 „ „ 
0.0597 100.16 

De los análisis que hasta ahora tenemos de los oros nativos de la 
Nueva Granada , * todos hechos por el experto naturalista , señor Boussin- 
gault , sabemos que de estos ninguno contiene cobre. Vemos, pues, que 
los indíjenas Neo-granadinos ligaban el oro con el cobre, que se encuentra 
nativo en varias partes de la Nueva Granada, entre otras en Moniquirá. 

Se ha supuesto que los instrumentos que usaban los Chibchas para 
labrar las piedras duras , eran compuestos de cobre i estaño. Paréceme 
improbable por bien fundada que sea esta opinión. Entre los Peruanos, 
según autoridades como Humboldt (Vues et Monuments (8 vo ) t. I. p. 314) 
Rivero i Tschudi (Antig. Per. p. 212J , d'Orbigny (L'homme Améric. p. 137) i 
Vauquelin quien encontró en un cincel peruano 0,94 de Cobre i 0,06 de Estaño** 
nos aseguran que los instrumentos de cobre poseen también una mezcla de 
estaño i aun el señor Rivero encontró ademas de 5 á 10 por ciento de 
sílice. Según los mejores autores de mineralojía , no se encuentran en 
Sud América, sino en Brasil, (i allí solamente el Casiterio ú óxido de es- 
taño) ninguno de los cuatro minerales de este metal, ni aun Hehns, di- 
rector de minas, que hizo una grande colección de minerales sud -ameri- 
canos tampoco los encontró. Así pues hasta que uno de estos minerales 
se encuentre en la Nueva Granada ó un análisis de algún objeto de cobre 
de los Chibchas , pruebe la presencia del estaño , debemos detener nuestro 
juicio, notando solamente que para labrar el aderezo que en piedra tengo, 
se podia hacer fácilmente con otra piedra pues la roca verde de que está 
hecho es mui blanda. Análisis de ornamentos de oro de la antigüedad se 
han hecho mui pocos , siendo á la vez estos mui raros en el antiguo Conti- 
nente en comparación con el nuevo. Los únicos que yo conozco son los 
del Dr. Mallet, de antigüedades irlandesas, pues en un pequeño escrito del 

* Ann. Chem. et de Phys. t. XXXV. p. 408 i la Colección de Memorias científicas 
por J. Acosta p. 43 — 50. 

** Humboldt, Essai politique sur la Nouvelle Espagne t. III. p. 306 (ed. 8vo.). 

n* 



46 



Prof. Gbbel * á donde se encuentran todos los análisis que se han hecho 
de las antigüedades metálicas , tampoco hai ninguno de los de oro. 

Por via de comparación, pues, pondré los análisis del Dr. Mallet i 
los dos mios. 





1 


2 


3 


4 


5 


6 


7 


8 


n° 2 


n° 8 


Oro . . 


71.54 


79.48 


96.90 


88.64 


88.72 


81.10 


86.72 


85.62 


54.63 


40.91 


Plata . 


23.67 


18.01 


2.48 


11.05 


10.02 


12.18 


12.14 


12.79 


1631 


15.55 


Cobre 


4.62 


2.48 


traza 


.12 


1.11 


5.94 


1.16 


1.47 


29.31 


43.70 


Plomo 


traza 










.28 


traza 








Hierro 










.02 




traza 










99.83 


99.97 


99.39 


99.81 


99.87 


99.50 


100.02 


99.88 


100.25 


100.16 



La descripción de las antigüedades irlandesas no es interesante para 
nosotros ni un extracto podia ser intelijible. El oro que trabajaban los 
Irlandeses no se sabe de dónde venia , pero vemos sí , que la liga que 
ellos usaban era en jeneral mas rica en este metal que la de los Chibchas, 
i tal vez mas antiguas sus obras , de resto vemos que su composición es 
como entre estos Oro , Plata i Cobre ; Hierro i Plomo encontrándose en 
dos solamente i en cantidades que bien se vé eran impurezas i elementos 
enteramente accidentales. 



CAPITULO VIII. 

Uso de los Tunjos. 

El arte está en todas partes ligado de una manera mui especial con 
la relijion , con las ideas de una vida ideal , de seres sobrehumanos. La 
relijion abriéndonos un mundo espiritual que si no aparece externamente, 
requiere al ménos, para satisfacernos, una representación material, ó tam- 
bién , en la idolatría , dándonos seres ú objetos que adorar , nos guia , ná- 
cenos al momento acojer á las artes representativas como á nuestro único 

* üeber den Einíluss der Chernie auf die Ermütelung der Vólker der Vorzeit. 
F.rlangen 1842. 



'41 



refujio , las cuales aunque imperfectamente tal vez , nos representan nues- 
tras ideas. Los Chinchas eran idólatras i los objetos que adoraban debían 
ser producciones de su mismo arte. Ellos tenían sus templos i adoratorios, 
de los cuales los de Sogamoso , Bogotá , Tunja i Guatavita eran los mas 
celebrados. Para culto i propagación de su creencia tenían ministros 
sacerdotales los cuales llamaban Chuques ó bien Jeques. Casi todas las 
naciones de la Nueva Granada profesaban, con los Chibchas, el feticismo, 
algunas naciones, como los Tanez , habitantes de los llanos junto á Casa- 
nare pertenecían á la excepción, i todas ellas fabricaban sus mismos ídolos. 
Estos eran mui diversos , tanto en lo que representaban como en el mate- 
rial de que se componían. Adoraban las figuras del sol i de la luna , las 
de los hombres i las dé* las mujeres. Unas eran hechas de oro , otras de 
plata, como también de madera, de hilo i de cera. Su tamaño era diverso, 
siendo unas mui pequeñas i otras mui grandes. Se cuenta que cuando los 
Españoles descubrieron el lago de Guatavita , uno de entre ellos halló el 
adoratorio del pueblo de Iguaque, á donde tenian los Indios un niño de 
oro , el consorte de Bachue . su idolo , tan grande i tan pesado que ni aun 
con las fuerzas que ganó con su avaricia i cupidez , pudo cargar con él. 
Los Indios, descubriéndole en su hallazgo, le acardenalaron el cuerpo de 
tal manera á golpes que le quitaron, bien á su pesar, el antojo de enriqui- 
zerse á costa de ellos. Renovó su tentativa en compañía de otros , pero 
no pudieron encontrar otra vez el ídolo. Los Indios lo habían tomado i, ó 
fué enterrado, ó entregado en grandiosa ofrenda á las aguas de la laguna. 16 
Vestían estos ídolos con mantas pintadas, que eran las de mayor estimación, 
i puestos en órden, siempre colocaban las figuras de la hembra al lado de 
las del varón. Como ellos adoraban el sol i también la luna, considerán- 
dola como su consorte, parece que no querían en sus demás ídolos, tener 
uno solo, sino siempre guardar la semejanza con los primordiales de estos, 
i hé aquí la razón de poner siempre juntos al hombre i á la mujer. 

Los sacrificios humanos , hemos visto , eran mui raros entre los Chíb- 
chas i solo se ofrecían al sol i nó á los tunjos. Las ofrendas que hacian 
á estos, como á dioses de segundo rango, eran también por medio del sa- 
cerdote i consistían en esmeraldas i oro en polvo , 17 también en oro labra- 
do en formas de culebras, zapos, lagartijas, hormigas i guzanos, así como 
de casquetes, brazaletes, diademas, monas, zorras i vasos de oro. Ofre- 
cíanles también leones, tigres, pájaros i vasijas de barro con comestibles i 



48 



aun sin ellos. El señor Hamilton * en su viaje á la Nueva Granada con- 
siguió una de las culebritas que se encontraron en el lago de Guatavita i 
como mas adelante veremos, se halló mucho oro en polvo entre el receptá- 
culo que representa la lámina II. 

Si estos tunjos que representan al hombre se usaban solo para 
ofrendas ó solo para adorar . es incierto , pues las noticias que de ello 
tenemos son contradictorias. En caso de que se usasen para ofrendas es 
mui probable que la figura representase al ofrendante, v. g. el soldado seria 
quien hizo su ofrenda con el tunjo n° 2 i una mujer con n° 3. Apesar de 
que los Indios usaban mucho oro en sus cuerpos nada se dice sobre el uso 
de los tunjos de esta manera , lo que sí me parece probable de las fig. 4 a i 5 a - 

La ceremonia de la ofrenda era precedida , *como queda dicho , por 
un ayuno riguroso de parte de los ofrendantes así como del jeque. Du- 
rante este tiempo no se permitían comer cosa alguna con ají, la salza mas 
apreciable entre ellos i no se lavaban el cuerpo , cosa que en todo otro 
tiempo mui frecuentemente repetían. El contacto de los sexos era también 
prohibido. Concluido el ayuno ó Zaga, como ellos lo llamaban, entregaban 
su ofrenda al sacerdote, quien la presentaba á sus ídolos i les consultaba 
sobre el éxito de las peticiones de quienes la daban, respondiendo, en 
seguida, aquellos, según la inspiración que él creía haber tenido. Recibida la 
respuesta por los dueños de la ofrenda , como casi siempre era propicia, 
volvian llenos de regocijo i contento. Se lavaban entónces por primera vez 
el cuerpo desde que habían principiado á ayunar, con cierta fruta como 
especie de jabón que llamaban Guaba, sin duda la que conocemos en Bo- 
gotá con el nombre de jabonera. Convidaban á sus deudos i parientes i 
pasaban algunos dias en regocijo , cantando las leyendas de sus héroes i 
antepasados, bailando i consumiendo grandes cantidades de chicha, la cual 
tenian que transportar sus mujeres. 

Estas ofrendas eran el efecto de una necesidad inmediata i no sabe- 
mos si ademas tenian en cada casa sus ídolos particulares , como eran los 
Lares entre los Romanos, á los cuales de vez en cuando se hacian también 
ofrendas. 

No nos debe admirar que los Indios adorasen sus mismos retratos 
en figuras de oro , pues según la creencia de algunas naciones , tenian en 

* J. P. Hamilton travels through the interior provinces of Colombia. London 1827. 
2 vols. 8vo. 



49 



su mano el hacer dioses de los otros hombres , sus covivientes. Esta no 
era en realidad la creencia de los Chibchas , pero sí la de otros pueblos 
comarcanos, i no hiji duda que la relijion de los unos se contaminaba con 
la de los otros. Los Pijaos , por ejemplo , con los Coyaimas i Natagaimas, 
habitantes los unos de las sierras i los otros de los valles de Neiva, Indios 
los mas valientes que los Españoles encontraron, tenían naciones cuyo dios 
era el hombre. Estos no adoraban el sol, la luna ó ídolo alguno. Creían 
que el hombre que moria inocente se hacia dios i que protejia á aquel que 
le habia hecho el beneficio de matarle, como también á su familia, mas nó á 
otra, pues era patrón ó dios mui especial. Para hacer del hombre un dios 
era necesario matarle con esa intención i expreso objeto. No podian para ello 
escojer un enemigo ó alguno perteneciente á pueblo contrario, ni uno de su 
mismo pueblo; era una guerra de amigos, i así satisfacían su creencia con 
la sangre de caminantes, de mujeres i niños. Otros, como los Laches, ha- 
bitantes de la provincia de Tunja adoraban las piedras, pues creían que los 
hombres se convertían en piedras i que un dia volverían á ser hombres. 
Así mismo adoraban su sombra, ele modo que habiendo sol, siempre lleva- 
ban á sus dioses consigo, teniéndola en gran veneración, pues la considera- 
ban como dádiva del mas grande de sus dioses, del sol. No solo era la 
veneración de seres humanos peculiar á los antiguos Neo-granadinos; los 
Peruanos también participaban de la misma creencia. En primer lugar, los 
Incas, renombrados señores de estos pueblos, gozaban de adoración jeneral 
de parte de sus vasallos i á sus cenizas se ofrecían dádivas i sacrificios. Se- 
gún algunos historiadores, cuando Gonzalo Pizaro mandó desenterrar i que- 
mar el cuerpo del Inca Niracocha en Haquijahuana , los Indios recojieron 
sus cenizas con profundo respeto i adoración, en una tinajuela de oro, en 
la cual las conservaban, haciéndoles grandísimas ofrendas. En algunas pro- 
vincias adoraban los Peruanos también á sus héroes i Tschudi opina que 
este culto tuvo su oríjen ántes de que los Incas conquistasen aquellas co- 
marcas. .Tenian ademas otros dioses de familia que llamaban Mallquis ó 
Mamos, los cuales no eran otra cosa que las momias ó esqueletos de sus 
antepasados depositados en tumbas (Machays), dispuestas de tal manera que 
con facilidad podian verlos i hacerles ofrendas. 

Los Japoneses también adoran los hombres que han vivido virtuosa- 
mente. Los antiguos Romanos tenian entre sus dioses privados i Lares á 
Antino, un bello jóven que se ahogó en un viaje á Ejipto, en el Nilo. Su 



50 



nniigo , el emperador Adriano, le erijió un templo, mandó se hiciese anual- 
mente una fiesta á su memoria, i puso su imájen entre las constelaciones. 
Por último, aun en nuestros dias, tenemos los Santos de la creencia cató- 
lico-romana, que si no son objetos de adoración, al ménos se les dirijen 
súplicas i son intercesores con el Ser Supremo. 

Vemos pues en otras creencias, entre otros pueblos, la veneración 
del hombre, al cual en su representación material ó en sí mismo adoraban 
los antiguos Neo-granadinos. 

CAPITULO IX. 
Descripción ele las otras láminas. 

Los Ghibchas, según los Españoles los encontraron cuando por pri- 
mera vez llegaron á Bogotá, eran pequeños de estatura, gruesos i bien for- 
mados, del color rojizo peculiar á la raza, ojos horizontales i nariz ancha. 
La frente pequeña i deprimida, los huesos de los cachetes (los malares) 
prominentes, i labios gruesos; sin barba hasta una edad avanzada. 

He preferido retardar esta pequeña noticia por la coneccion que tiene 
con la Lámina 11 que representa dos cráneos de los Indios de la provincia 
de Vélez. Estos, en común con los de muchos otros Indios, muestran la 
depresión del hueso frontal, especialmente el cráneo n° 2. Mui notorio es 
que los antiguos Indios usaban de artificios mecánicos para producir un 
cambio semejante en la forma normal de los cráneos humanos; es decir, 
ataban fuertemente tablillas á la cabeza de sus hijos, la cual al crecer to- 
maba la forma que ellas le daban. Sinembargo el señor Tschudi ha pro- 
bado de la manera mas completa que no solo á esto se debe la forma de 
estos cráneos. Su opinión, fundada sobre el examen de fetos encontrados 
en el Perú, es que aun en estos, es decir, aun en la criatura ántes de na- 
cer i por supuesto ántes de que la mano del hombre le haya dado forma 
alguna , se encuentra la depresión del hueso frontal i forma ovalar del crá- 
neo, de modo que podemos colejir sea esta una forma peculiar i caracte- 
rística de los cráneos peruanos. Poco se necesita para suponer una pecu- 
liaridad tal á los cráneos de los Neo-granadinos , pero hasta que nuestras 
investigaciones no sean coronadas con un éxito tan favorable como las del 



51 



señor Tschudi, no podemos atribuir esta depresión, entre nuestros Indios, 
sino al efecto mecánico de las tablillas. 18 

La figura 3 a representa el perfil de un pendón de huso, hecho de 
barro, i encontrado en Neira, provincia de Antioquia. La otra es una vista 
perpendicular del mismo, representado jeométricainente para evitar el efecto 
de la perspectiva, que acortaría las líneas que le sirven de adorno. 

El arte del alfarero parece haber sido uno de los mas cultivados 
entre las naciones de América. Del alfarero encontramos obras que ni el 
escultor ni el platero produjeron, si bien es cierto que la ejecución es mu- 
cho mas fácil en el blando barro; pero en la idea, en el modelo, queda 
siempre el arte impreso. Me parece que los escultores entre los Indios no 
acostumbraban primero modelar i luego esculpir, como ahora se usa, sino 
que de la maza de piedra, una vez concebida la idea, al momento escul- 
pían, i ciertamente el alfarero no usaba modelo alguno. Este no poseía 
el torno que hoi se usa en la alfarería i hacia sus figuras á pura ma- 
no, lo cual realza el valor de aquellas que están bien hechas. Aun hoi 
se encuentra este arte entre los Indios de la Nueva Granada con una per- 
fección admirable. El modo de cocer el barro, era, como el señor d'Or- 
bigny lo describe, respecto á otras naciones, al aire libre, ó bien en un 
hoyo que hacian en la tierra i luego llenaban con sus obras i el combus- 
tible con que las cocían. Las siguientes láminas representan las produccio- 
nes de este arte entre los Armas. 

Lámina III. Representa una figura humana, acurrucada, ó en una 
posición mui semejante. Es hecha de un barro amarillo rojizo, i aunque 
orijinalmente tenia su barniz ó vidriado, ya se le ha caido, quedando solo 
en mui pocas partes visible. Esta figura es hueca i como vemos en el per- 
fil, (Lám. IV fig. 1) tiene en la cabeza, por detras, un pequefo agujero (a). 
Por aquí la habían llenado de oro en polvo, con el cual se encontró, en 
Neira, cerca de Salamina, provincia de Antioquia. Era pues este sin duda 
un receptáculo que usaban los Armas para el oro en polvo con que hacian 
sus ofrendas en los adoratorios. De alto tiene algo mas de 28 centímetros 
i 15 en la parte mas ancha. 

Lámina IV. Fig. 1% representa el perfil de la figura anterior, redu- 
cida al cuarto del tamaño natural. Fig. 2 a es un crisol de los que los Armas 
usaban para derretir el oro. He preferido este al dibujo que de otro crisol 
también hice i que había sido usado ya, como bien lo mostraba lo enegre- 



52 



cido que estaba por el fuego, por ser este mas regular en su forma i es- 
tando aun nuevo, se pueden ver las pequeñas líneas que le sirven de ador- 
no. En algunos de estos crisoles aun se ha encontrado el oro derretido. 
Tiene 5,2 centímetros de alto i 4,5 en lo mas ancho. La Fig. 3 a es una 
pequeña taza que parece habia sido ya usada en la cocina por lo enegre- 
cida que está. En la parte superior representa el pecho de una mujer con 
los brazos cruzados i de una cara irregular, cuyas narices en lugar de fre- 
nillo no tienen sino un agujero que las traspasa. La figura es un tercio 
del tamaño natural. Fig. 4 a i 5 a son un aderezo labrado en piedra verde que 
parece ser chisto de talco [talkschiefer). El centro de la fig. 4 a es hueco i 
por los agujeros sin duda pasaba algún cordón que la unia con el tejo ó 
tapa fig. 5 a . La figura es del tamño natural. 

No me parece haber duda , que la preferencia que los antiguos Neo- 
granadinos tenían por las piedras verdes, era á causa de las esmeraldas 
que siendo del mismo color, tanto apreciaban i con las cuales tal vez con- 
fundían otros minerales. Fig. 6 a representa una taza mui bien hecha i de 
muí regular forma. A los lados tiene las orejas, que sirven tanto para la 
cara de adelante como para la de atrás , pues tiene dos. En cada una de 
las orejas, ademas de un pequeño agujero, se vén dos botoncitos de oro 
i lo mismo en las narices, á donde ademas se vé, pendiente al frenillo, el 
curicuris ó alhambre torcido que los habitantes de Cali usaban. La figura 
es un tercio del tamaño natural. Todas estas figuras son de loza ó tierra 
cocida, excepto las 4 a i 5 a , i todas provienen de Neira. La fig. 7 a representa 
una cara risueña, también hecha de barro. Orijinalmente debió estar unida 
al cuerpo pues por detras se vé palpablemente que ha sido rota. La co- 
rona que al rededor de la cabeza tiene, nos dá una idea de las que usa- 
ban los Indios. Las narices, como en la fig. 3 a , solo tienen un agujero en 
lugar de frenillo. Esta figura es sólida i pesa bastante; en la lámina está 
reducida al tercio del tamaño natural. Se encontró en Sonson, provincia 
de Antioquia. 

Conclusión. Se creyó que uno de los tunjos encontrados en 
el lago de Guataviía, tenia semejanza con los ídolos del Hindostán, según 
cita, entre otros, Bradford en sus Antigüedades americanas (p. 142). Para 
cerciorarme de esta opinión, he visto casi todas las obras que han apare- 
cido con láminas, acerca de las antigüedades de los Hindos, pero en nin- 



53 



guna parte he encontrado cosa alguna que siquiera se asemeje á los tunjos 
de nuestra Lámina I. Es pues de creerse que esta fué una prematura idea, 
de lo cual puede mui bien cerciorarse el lector comparando la Lámina I con 
cualesquiera obras de los Hindos. 

Ademas, si comparamos las creencias mitolójicas, los usos i costumbres, 
i el grado de civilización de estos dos pueblos, hallamos una diferencia tal, 
que ya esto nos haria desistir de buscar comparaciones. Es cierto que el 
señor Duquesne dice que los Chibchas representaban á Bochica con tres 
cabezas, en lo cual podíamos ver al momento el Trimurti de los Hindos. 
Sinembargo este dignísimo autor escribió ya cuando la raza chibcha estaba 
casi extinta i sus ideas ya mui mezcladas con las del Christianismo , para 
que se pueda creer todo lo que entonces los Indios podían relatar á nuestro 
autor, pues en ninguno anterior he visto por segunda vez expresada la 
misma opinión. Las figuras de las otras láminas, en tierra cocida, retienen 
el carácter jeneral que pertenece á las obras de los antiguos Americanos, 
aunque se note sinembargo un estilo particular. Siendo tan corto el nú- 
mero de estas, no me parece de ninguna utilidad, al presente, dar una 
comparación con obras semejantes del nuevo i del antiguo Continente. 

El estudio de la arqueolojía comparativa pertenece á los mas intere- 
santes que se pueden presentar al arqueólogo americano. Una vez que la 
etnolojía i las otras ciencias han encallado al tratar de solver la gran cues- 
tión con respecto á la América, el oríjen de su población, no debe dejar 
pasar el arqueólogo americano, un momento sin tratar de solver la cuestión 
i hacer un descubrimiento digno de la época en que vivimos. 

El estudio de las lenguas americanas ha sido de los mas profundi- 
zados acerca de América; sinembargo, los resultados que ha dado son mui 
escasos i las conclusiones, siendo solamente basadas en analojías filolóji- 
cas, de mui débil fundamento. Las bellas artes, junto con el estudio pro- 
fundo de los pueblos americanos, son nuestra inmediata esperanza i ellas 
serán las que deben solver una cuestión de tanto momento, como es el 
oríjen del Americano, sí no solo uno, sino muchos unen sus fuerzas para 
buscar la verdad. Hombres como Humboldt, Rivero, Tschudi, Kingsbo- 
rough i Stephens nos han precedido ¿quien no seguirá sus huellas? 

¡Quiera el cielo que encontremos cooperantes, no solo en nuestra 
patria sino en el mundo entero, á cuyos talentos, á cuya ciencia debamos 



54 

nuestra instrucción i el Indio investigaciones rivales de aquellas que son el 
mayor honor de los pueblos clásicos de la antigua Europa ! 

Contentóme solo con añadir mi deseo de que pueda esta cortísima 
é imperfecta noticia de las Antigüedades de nuestro suelo patrio, producir 
algún efecto entre mis compatriotas. ¡ Ojalá despierte el gusto por la ar- 
queolqjía patria; pues de ningún modo mejor veria yo coronado mi pequeño 
escrito que si en lo sucesivo hubiese producciones arqueolójicas de nuestro 
país, dignas del objeto de que tratan i de sus autores. Séanme estas pá- 
jinas un ameno precursor en mi país, puedan ellas allanar un tanto el ca- 
mino que pienso seguir, i mas que voluntario dedicaré mis fuerzas, mi vida, 
al objeto mas honroso i que mas anhelo; al estudio de mi patria. 



Notas. 



1. (páj. 4) Es mui probable que pronto se encuentren muchos mas de 
estos restos de una grandeza indiana desconocida por nosotros hasta ahora, 
pues, según relaciones privadas, aun se han visto otros en las partes mas frías 
de la planicie de Bogotá. Según el señor Vélez Bárdenlos mismo, encuéntranse 
también estas columnas en Ramiriquí, como en otras partes, trazas de piedras 
que parecen haber sido labradas. Una hora antes de llegar á Pantli, yendo 
de Bogotá, se encuentra una roca mui grande de cuarzo, i con un nicho, al 
rededor del cual se encuentran pinturas coloradas. De estas he visto yo en 
nuestra hacienda, Canoas, una i el color tan fresco, que después de haber re- 
sistido por mas de trescientos años la intempérie aun se hallan las figuras en 
mui buen estado. 

2. (páj. 10) A quienquiera estudiar la nación japonesa recomendamos, 
como la mejor obra que ha aparecido sobre la materia, la del señor Phil. 
Franc. Siebold. Nippon, Archiv zur Beschreibung vori Ja pan. Leyden 
1832 — 1852. 

3. (páj. 16) El Padre Simón escribe Turachogue, pues según él, tura 
quiere decir mujer i chogue significa cosa buena. Kingsborough's M ex i can 
antiquities vol. VIII p. 421. 

4. (páj. 16) Nuestros Chibchas han seguido aquí la rutina común del 
mundo; i es curioso ver cómo el agua ha sido entre la mayor parte de las 
naciones el elemento primordial. Sabemos que el Brama ó Ser Supremo de los 
Hindos, crió primero las aguas i en seguida el huevo primordial, el cual él 
mismo habitó por un año, absorto en contemplación de sí mismo, i del cual 
salió lodo lo criado. Según la mitolojía de los antiguos Griegos, el jérmen de 
lodo lo criado fué el agua, la cual de sí misma enjendró un barro viscoso. Los 
dos produjeron una serpiente ó dragón con tres cabezas; la una de toro, la 
otra de león i la última la de un dios. Esta serpiente produjo un huevo que 
dividido en dos partes se convirtió la una en la bóveda celeste i la olra en 
el suelo terrenal. De las cuatro estaciones ó creaciones del mundo según la 
mitolojía azteca, la primera fué la del agua también. Según los Mejicanos 
i Peruanos, los jérmenes, si nó de su existencia material, sí de la moral, 
también salieron ambos de las aguas ó de las orillas de ellas; estos fueron 
Manco-Capac i Quetzacoatl, los cuales equivalen al Nemterequeteba de los 



56 



Chibchas i todos tres se parecen mucho al redentor del mundo, Jesucristo. 
Los Escandinavos también atribuían al agua conjeláda, la creación de su gran 
jigante i de la tierra. En fin, no hai casi nación que no tenga mezclada en 
su mitolojía el poder del agua. En la relijion cristiana es el diluvio universal, 
una de las mas memorables épocas en la historia del mundo. 

5. (páj. 17) Muí jeneralmente se atribuye este famoso hecho á Nemte- 
requeteba, como está la historia divulgada en Bogotá. Aun escritores modernos 
de mucha nota, han dado como el héroe de esta relación á Nemterequeteba, en 
lo cual han seguido lo que jeneralmente oian, pues así se cuenta la historia. 

6. (páj. 18) Guesa quiere decir errante, sin casa, pues no la tenia en 
esta tierra. Llamábanle también Quihica que quiere decir puerta, pues su sa- 
crificio anunciaba cada quince años la apertura de un nuevo ciclo. 

7. (páj. 2 3) Como dice Wilkinson, hablando de los Ejipcios, que aun 
careciendo de letras i siéndoles imposible describir un individuo, sus hechos 
i ocupación, solo tenían un medio para hacerlos conocidos á la posteridad, i 
este era, enterrando con el muerto, aquellos objetos mas característicos que le 
habían servido en su vida; i que tal vez su valor i hazañas le habían procu- 
rado. Estos eran las alhajas, que mostraban su riqueza, sus armas su valor etc. 
¿No seria posible que la misma costumbre, corrompida por pueblos ménos cul- 
tos, viniese á dejenerar en una creencia mitolójica i luego enterrasen alimentos 
i compañeros con sus finados deudos? 

8. (páj. 2 4) Para dar una idea, al ménos, de algunos de estos túmulos 
ó sepulcros, daré lo que dice Cochrane, de los que él descubrió junto á Gua- 
tavita. Este capitán ingles viajó en la Nueva Granada en 1822 i 23, i sus es- 
critos acerca de su viaje son unos de los pocos interesantes que en ese tiempo 
aparecieron en Inglaterra sobre Colombia. 

Después de haber visitado la laguna de Guatavita i hecho varias excur- 
siones en sus cercanías, pidió permiso al intendente de Bogotá para abrir al- 
gunos de estos túmulos, le cual el fué concedido. Excavó muchos, pero como 
casi todos eran iguales, describe solo uno que debió ser el sepulcro de algún 
grande, según él cree. Como él dice, ya que en los valles ó lugares bajos 
era donde la jente que ménos valia enterraba los restos de sus parientes, mién- 
tras que los grandes enterraban á los suyos en la cima de los cerros, subió á 
estos guiado por uno del país. El lugar del sepulcro que él describrió, lo indi- 
caba externamente una concavidad en el suelo i estaba en una elevada i bella 
posición. Después de excavar como pié i medio de tierra arable , llegóse á una 
grande laja de piedra, como doce piés de largo, ocho de ancho i nueve pul- 
gadas de grueso, una especie de piedra arenisca. Para sacarla fué necesario 
romperla en dos pedazos i aun así fué necesario mucho trabajo ántes que se 
pudiese destapar el sepulcro. Este había sido excavado en la roca arenisca i la 
laja reposaba en un borde hecho al propósito. Después de removida la tapa se 
encontró tierra, en seguida arena, pero de tal manera comprimida, que pa- 



57 



recia ser la roca primaria, sinembargo en rompiendo un pedazo, pronto se re- 
ducía á polvo ó granos de arena , lo que no sucede con la verdadera arenisca 
orijinal. Cuando la excavación llegó á ocho pies de profundidad, se encontra- 
ron algunos utensilios de tierra cocida, de toscas construcción i pintura. Algu- 
nos de estos habían servido para contener la chicha, en otros se hahia coci- 
nado, pues bien se podia ver en lo enegrecidos i marcados que estaban del 
luego. A los catorce pies de profundided se encontraron huesos humanos , los 
del muslo i hrazos , pero ni la cabeza ni dientes. Después de. haber excavado 
hasta treinta piés se dio otra vez con la roca primitiva, probando que nunca 
se había excavado mas i que hasta allí llegaba la sepultura. Como en ninguno 
de los sepulcros que excavó el señor Cochrane se encontró otro cosa que uten- 
silios de loza , dedujo que en las inmediaciones del lago no enterraban al 
muerto con sus riquezas, sino que estas eran ofrecidas á sus dioses en la la- 
guna. Journal of a residence and travels in Colombia, during the 
years 1 8 2 3 — 2 4 by Capt. Charles Stuart Cochrane. London 182 5. 
2 vols. 8vo. vol. II. p. 2 5 3. En otras partes sí sabemos que se enterraban 
con los difuntos sus riquezas, como lo han probado ya muchos que han tenido 
la fortuna de encontrar semejantes sepulcros. Así Saacke encontró ademas del 
oro, utensilios i armas en uno que descubrió junto á Marmato. Este era re- 
dondo, de cerca de seis piés de hondo i cuatro en diámetro. Esto claramente 
nos muestra que los enterraban acurrucados, de la misma manera que prepara- 
ban sus momias. 2)enf wüx b tg e (Srtiimeriingen au§ eincr bterj dí;r tgett 
Otetfe burd) «JooIIanb k. in bíe mtttleren ©tetaten üon ©üb = 5lm erica. 
SBolfen fcüttel 18 4 4. 2 vols. 8vo. vol. II. p. 60. 

9. (páj. 24) Según parece, no usaban nuestros Indios lo que nosotros 
llamamos ruana (poncho) i Acosta es de opinión que esta moda vino del Perú. 
Hoi en día es un vestido tan común en Sud-América, que casi es característico. 
En mis viajes en el Sud de Baviera i en el Tirol , he tenido ocasión de ver 
la ruana usada por los habitantes del antiguo Continente. Los carreteros son 
los únicos que las usan i son hechas de una tela tosca i de color ceniziento, 
parecida á la de las camisetas ó capisayos que usan en tierra caliente; son tan 
anchas como las espaldas solamente, pero mui largas por delante ¡ por detras. 
No es su vestido común i solo lo usan cuando llueve. En un bello cuadro al 
óleo que vi en Monaco, la ruana del carretero era pintada exactamente como 
una de las nuestras. Parece digno de examinarse si nosotros recibimos la 
moda del antiguo Continente ó si aquí se ha aprendido de los Americanos. 

Acerca del calzado de los Chinchas no sé qué decir, pues los autores no 
dán idea alguna de si lo usaban ó nó. Sabemos que los Peruanos sí usaban 
sandalias, que llamaban usuta en lengua quichua, i ademas el señor d'Orbígny 
nos ha dado la figura de un pié, parte de una estatua, (Pl. 6 de sus Antigüe- 
dades) á donde se encuentra también una usuta. A mí me parece mui proba- 
ble que los nuestros usasen también sus sandalias , las cuales fueron el profco- 

5* 



58 



tipo de las que ahora usa nuestra jente del campo con el nombre quimba. 
Esta es hecha de un pedazo de cuero sin curtir , el cual se corta según la 
forma de la planta del pié. El pelo se pone para arriba de modo que la 
planta del pié no sufra tanto la rijedez del cuero. Esta sandalia ó suela se 
sostiene por medio de tres cuerdas; una que vá al rededor del carcañal i dos, 
partiendo de esta, pasan por los tobillos i sobre el empeine, i reuniéndose en 
una, entran por medio del dedo mayor del pié i el siguiente i se afianzan otra 
vez en la suela. Estas son pues exactamente las mismas sandalias que los 
antiguos Ejipcios usaban i no se sabe de cierlo si eran orijinales en la Nueva 
Granada ó las llevaron allí los Españoles. 

10. (páj. 25) Aun he alcanzado yo a ver el Chircate, vestido común de 
las Indias habitantes de la planicie de Bogotá. Es hecho de lana i muí grueso ; 
casi jeneralmente de color de chocolate, oscuro i hacia la extremidad dos rayas 
de lana colorada. De ancho tiene la altura de la que lo usa , de la cintura al 
tobillo i de largo lo suficiente para dos ó tres vueltas. Su Chumbe es una faja 
como de cuatro dedos de ancho i también de lana colorada. La mantilla 
española ha sustituido el manto que antes usaban i en jeneral están abandonan- 
do mui aprisa estos restos peculiares á sus antepasados. 

El pintarse los Indios no es costumbre peculiar á ellos pues aun se usaba 
en el antiguo Continente. Plinio dice que Verrius cita autores mui creíbles, los 
cuales afirmaban que se pintaba el pedestal de la estatua de Júpiter en los dias 
ile fiesta entre los Romanos, i que los jenerales triunfantes se pintaban con 
minio su cuerpo, que es de color rojo. (Plin. lib XXXIII, 36.) Ademas, se 
usaba esta costumbre de pintarse entre nuestros Indios no solo con los colores, 
sino con ellos mezclados con graza i algunas naciones usaban el aceite de 
tortuga en el Orinoco , lo cual bien sabido es , era costumbre usual entre las 
antiguas naciones del Sud del antiguo Continente, como entre los Ejipcios, 
Griegos i Romanos, entre los cuales aun duró hasta el tiempo de Tarquinio, 
pues según Ennius ,,Tarquini corpus bona foemina lavit et unxit." (Plin. XIII, 3.) 
Esto es mui claro, pues la culis tostada por el calor del sol, vuelve á su 
elasticidad natural por medio de la graza. 

El vestido de los Indios de Caquetá es algo parecido al de los Chibchas ; yo 
tuve la ocasión de verlo i no siendo conocido jeneralmente, me parece no dejará 
de interesar á algunos su descripción. El manto principal es cilíndrico-cónico, 
con dos aperturas en la parte superior , por donde sacan los brazos. Es hecho 
de la corteza de un árbol de la manera siguiende : cortan del tronco de este, 
un trozo tan largo como tiene de alto el hombre que vá á usarlo í luego le 
quitan la corteza , la cual puesta en agua i machacada varias veces suelta la 
parte leñosa i solo queda el tisú celular; una especie de lino blanco pero tosco. 
El manto que yo vi tenia la orilla inferior pintada de azul, en semicírculos 
juntos, en cuyo centro habia un punto: . En la cabeza traen los de 

mas rango una corona do una pulgada de ancho , hecha de las alas externas 



59 



de un coleóptero verde, las cuales encajan unas sobre otras. Por detrás pé- 
nense en esta corona, perpendicularmente, varias plumas grandes i de los mas 
primorosos colores. El pelo lo tienen echado para atrás i con su peine lo sujetan, 
que es de palo i á manera de los que llamamos peines tupidos. Sobre las 
orejas tienen dos palillos que proyectan á los lados de la cara i en cuyo extre- 
mo hai en cada uno un cordel con bellísimas i pequeñas plumas. Al cuello 
traen sartales de los colmillos de tigres i otros animales feroces que ellos mis- 
mos han de haber matado i en lo cual se conoce el rango i valor del que los 
trae. Sus armas son la flecha i la macana , hechas del palo negro i duro que 
también se llama macana. Ademas traen sobre las espaldas varios pájaros 
disecados, de los mas bellos que han cojido. Son ademas mui industriosos i 
expertos en el laboro de la tierra cocida. 

11. (páj. 27) Acosta dice que el P. Simón dá como lugar destinado 
para este templo, las cuadras de Porras, al norte de la ciudad de Tunja i opina 
que, como vemos en el texto, así trataba de explicar. su existencia. Ya varias 
veces be hecho alusión al descubrimiento del señor Vélez Barrientos , cuyo 
templo según Acosta mismo dice, es aquel á que se refiere en el texto. Según 
el señor Vélez Barrientos este edificio está entre el camino de Gachantivá á 
Moniquirá i tiene una extensión de 45 varas de largo i 22 de ancho; está 
edificado según la lonjitud, de oriente á poniente. Las columnas visibles son 29, 
cilindricas i mui bien trabajadas. Sinembargo, como dice nuestro autor, no se 
puede afirmar que esta sea toda la extensión del edificio ni este el número to- 
tal de las columnas, pues están de tal manera dilapidadas que lo mas que 
proyectan sobre la superficie es vara i cuarta. Algunas están en línea recta i 
tan juntas unas á otras que solo distan una media vara. Bulletin de la 
So cié té de Géograpbie de Paris. Aoút 18 47. páj. 9 7 i sig. 

12. (páj. 28) Como nuestro compatriota Joaquín Acosta dice, pertenecía 
esta costilla á animales antidiluvianos, cuyos restos se encuentran mui á me- 
nudo en las cercanías de Suacha. El barón Cuvier (en sus ,,Ossements fossiles") 
ha descrito varios, i entre otros se encuentran los restos del jiganlesco Megate- 
rio. No es de admirarse que los Indios adorasen esta costilla, pues según se 
dice, en cierta ciudad de Italia, se tiene como reliquia un fémur (hueso del 
muslo) de uno de estos animales i se toma por el de San Cristóval i como á 
tal lo veneran. 

13. (páj. 31) El Dr. Joly ha descrito una de tres años. Era una hem- 
bra i su cabeza pertenece á aquella clase que se ha nombrado brajicéfala , es 
decir, cabeza corla, ó cuyo eje del hueso frontal al occipital, es mas corto que el 
otro á ángulo recto. Las mantas en que estaba envuelta eran mui finas i bien 
trabajadas. Mui doloroso nos es ver que su procedencia fija no se sabe, 
pues dice el autor que se encontró en las montañas de la Nueva Granada. M é- 
moires de l'Académie des Sciences de Toulouse. 4 n,c sér. t. I. páj. 
251 , con una lámina. 



60 



14. (páj. 34) Ya que nos es imposible dar una historia del platero en 
América, aun siquiera saber qué edad podemos juzgarles á los tunjos de oro 
que representa la Lámina í, tal vez no dejará de interesar algo de la historia 
en el antiguo Continente i así he resuelto dar, aunque en abreviatura por de- 
cirlo así, una corta revista, notando lo difícil que es distinguir la fábula, de los 
hechos históricos. 

Hallándose que los metales no se rompían tan fácilmente como la loza i 
que se podian hacer vasos i otros utensilios de -ellos, la comodidad los hizo 
preferir en ciertas obras. El oro i la plata fueron los primeros, en este grupo, 
pues se pueden fundir i labrar mui fácilmente i sobre todo se encuentran na- 
tivos en su estado metálico. El lujo hizo luego la preferencia por el oro. 

En uno de los libros mas antiguos que poseemos, la Biblia, en los es- 
critos de Moisés ya, hai muchos pasajes que muestran lo mui temprano que se 
comenzó á cultivar el arte del platero. Jehova le dice á Moisés * que las ofren- 
das que se le debían hacer eran oro, plata i cobre etc., le dá la descripción 
minuciosa del altar que debe edificar, la mayor parte de oro, para poner las 
tablas de la lei , i entre otras cosas le manda que se hagan dos Querubines de 
oro cuyas alas se extiendan sobre la tapa del altar. En fin le dá tales direc- 
ciones que bien se deja ver que ya en esos tiempos trabajaban mui bien el oro. 

Quién descubrió este metal i lo usó por primera vez, es para nosotros 
un enigma insoluble. Sinembargo Plinio dice** que fué Cadmus, fenicio, quien 
encontró el metal en el monte Pangaeus i también aprendió á fundirlo. Nota 
ademas el mismo autor que otros atribuyen el descubrimiento del oro á Thoas 
i Eaklis en Panchaya ó á Soldes, hijo de Océano. Cadmus se supone viajó en 
Grecia por el aro 1 493 A. C. Lo cierto es que desde la antigüedad mas remota 
se usaron ídolos, utensilios i aderezos de oro puro. La experiencia mostrando, 
sinembargo, que el metal era demasiado blando, se vieron obligados á mez- 
clarlo con otros para aumentar su dureza i su volumen. Según Aristóteles, quien 
primero fundió los metales i enseñó á ligarlos fué Lydus. f 

Baste esta noticia histórica acerca del descubrimiento del oro, que en- 
contramos en los autores profanos, i veamos quien lo usó primero. En los li- 
bros de Moisés, se habla de Tubalkain hijo de Lamech, perteneciente á la sesta 
jeneracion de Adán, como un platero renombrado. + Inútil seria recorrer aquí 
todos los pasajes en que notamos el arte del platero mencionado en los libros 
de Moisés, bástenos recordar el becerro de oro de los Israelitas, obra jeneral- 
mente conocida i de las mejores producciones ejipcias, como también el anillo 
de oro i los dos brazaletes que el sirviente de Isaac, á quien había enviado 
Abrahan, regaló á Rebecca. ¥ 

* Génesis XXV lib. 2° v. 3 i sig. 

** Tlinius. Historia natur. lib. VII, 57. + id. % Génesis I. Cap. 4 v. 22. 

% id. XXIV, v. 22. 



61 



Aun de los tiempos mitolójicos tenemos noticias de los labores de oro, 
pues según Homero, Vulcano trabajó en oro i plata el cetro de Agamemnon i 
también la rodela de Aquiles, hecha de bronce, estaño plata i oro, compuesta 
de cinco planchas i en la superior vanas figuras gravadas perfectamente. Esta 
obra sinembargo se atribuye á un platero mui conocido en la antigüedad , á 
Cedalio. 

Es mui incierto cuándo se hicieron las primeras estatuas de oro. En 
los tiempos mas remotos, sabemos que los Ejipcios usaban ídolos de oro, pero 
su forma nos es desconocida. Paussanias dice que el arte de fundir el metal 
i hacer de él formas en una matriz, aun no era conocido en el tiempo de 
Ulises i que las estatuas se hacían como un vestido, á pedazos i sucesiva- 
mente. Asegura el mismo autor que los primeros que vaciaron una estatua 
fueron Rhaecus, hijo de Philaeus i Theodorus hijo de Telecles, ambos naturales 
de Samos. Este líltimo fué el que gravó la bella esmeralda de Polycrates i se- 
gún Plinio,* el que inventó la regla, el nivel i la llave. Descriptio Grecia e, 
lib. VIII c. 14. Arcadia. 

Plinio nos dice que "la primera estatua sólida i de oro que se hizo, i 
que precedió á las macizas ú holosfiráticas, de bronce, [aes] debe haber estado 
en el templo de Anataide, cuya divinidad era mui venerada por su pueblo, los 
Armenios, que vivían en una provincia de este nombre, en el Eufrates. ** 

Según el mismo autor, fué Gorgias el primer hombre cuya estatua se 
hizo de oro, i costeada por sí mismo. Gessler, sinembargo, dice que todos los 
demás autores Convienen en que fueron los Griegos quienes erijieron esta esta- 
tua al magnífico orador de la sétima Olimpiada. 

Este pues fué el principio, i estas las obras que se dieron á conocer al 
mundo. Después siguióse usando el oro para todo i con un lujo que realmente 
nos admira. Desde aquí, sinembargo, es la historia del platero mas fácil de 
seguir i también tan extensa, que me parece suficiente lo que ya he dicho; 
lo subsecuente no teniendo tampoco probabilidad de haber influido en algo el 
arte en América. 

15. (páj. 34) Aun se conserva en la Nueva Granada este gusto parti- 
cular por las decoraciones i labores complicados, como se puede ver cada día 
en las totumas que labran los habitantes, de la fruta del totumo [Crecentia pujetes). 
La fruta, que es de varias i distintas formas, siempre inclinándose, en las normales, 
á la esférica, se divide en dos partes, para hacer una totuma, i se limpia bien 
su interior, quedando así trasformada en dos hemisferios huecos ó totumas. En la 
epidermis verde se pueden cortar fácilmente las formas i figuras que se quiera i 
así queda expuesto el hueso blanco de la fruta. En el mismo estilo pero de una 
manera mas curiosa se labran los palos de los fuetes (zurriagas) que nosotros 
usamos en el campo. El palo se toma aun con la corteza verde i en esta se 



* Hist nat. VII, 57 (de las antig. ed. 5C). 



** Hist. natur. lib. XXXIII, 24. 
6 



62 



labran las figuras que se quiera, lo que fácilmente se puede hacer con cual- 
quier instrumento por poco cortante que sea. Una vez hecho esto, habiendo 
removido la corteza en las partes labradas, se introduce el palo en ascuas no 
mui vivas i se tiene cuidado de darle vuelta. Al cabo de un rato se saca , i 
aquellas partes de donde se habia removido la corteza, habiéndose carbonizado 
con el fuego, están negras, miéntras que el resto, resguardado por la corteza, 
queda del color orijinal del palo. Luego se quita el resto de la corteza i así 
queda el palo pintado de blanco i negro. 

16. (páj. 47) Entre los Indios no solo estos se han valido de este arbitrio 
para ocultar sus tesoros á los Españoles, pues lo mismo hicieron los Peruanos 
con la famosa cadena de oro {Huasca) que el Inca Huayna-Capac mandó fa- 
bricar en honor del nacimento de su hijo primojénito, Intinesi-Huallpa-Huascar, 
la cual dicen fué arrojada á la laguna de Urcos. Según Zárate, era esta cadena 
del grueso de la muñeca de un hombre, i tenia de largo 3S0 pasos, que son 
700 piés i tomaba dos costados de la plaza de Cuzco. (R i vero i Tschudi anti- 
güedades peruanas p. 213). Aun los mismos Españoles siguieron el ejemplo 
de los Indios, pues en la guerra de nuestra independencia, depositaron en el rio 
Bogotá al retirarse, gran cantidad de Platina i aun tenemos fresco en nuestra 
memoria el desagüe que se hizo pocos años ha para sacarla. 

17. (páj. 47) Entre los antiguos, dice Plinio que no se se ha hecho otro 
uso del oro en las ofrendas que para dorar los cuernos de los animales que 
se ofrecían i esto solo cuando eran grandes. (Plin. lib. XXXIII, 12.) 

18. (páj. 51) Ultimamente ha habido alguna controversia 'acerca de estos 
cráneos. En el condado de Grafenegg en Austria i en varias otras partes des- 
pués, se han encontrado cráneos cuya forma es tan idéntica con la de los pe- 
ruanos, que el señor Tschudi creyó fuese este cráneo uno traído del Perú. 
Fitzinger con otros, dice que estos cráneos son orijinales en Europa i que per- 
tenecen á la raza de los Avareos, quienes en 563 habitaban en Panonia i en 
una parte de Austria. A la identidad con los cráneos peruanos se une la que 
tienen con los neo-granadinos, pero como esta cuestión está fuera de nuestro 
plan, conténtome, sin tratar de decidir si en Europa también hubo un pueblo 
cuyos cráneos eran idénticos con los de los antiguos peruanos i neo-grana- 
dinos, con solo notar esta semejanza i referir al lector á las excelentes memo- 
rias que sobre la materia se han publicado. L. J. Fitzing er. Ueber die 
Schádel der Avaren. Denkschriften der Kaiserlichen Academie der 
Wissenschaften, 1 853, t. 5 p. 21 ; á donde se encuentra todo lo relativo á 
esta materia. Vid. nota 12. 



APENDICE. 



TRES CAPITULOS DE LA 

TERCERA NOTICIA 

LA SEGUNDA PARTE DE LAS NOTICIAS HISTORIALES DE 
TIERRA FIRME 

EN EL NUEVO REYNO DE GRANADA 

POR 

PEDRO SIMO». 

Año 1624 



CAPITULO I. 



1 . Las pérdidas y desgraciados Fines , que kan sucedido en las Jornadas 

que se han hecho en demanda del Dorado. 

2. Dase noticia de dónde tuvo Principio este nombre del Dorado , y cómo 

filé el nuevo Reyno. 

3. Comiénzase á dar la Razón y Fundamento que se tuvo, sobre que se 

fundó la primera Noticia. 

\. La ocasión á que hemos llegado con nuestra historia, nos la dá, para 
que sin pasar de aquí, demos noticia de los principios que tuvo este nombre 
de la provincia del Dorado , aunque dejamos ya tocado algo de esto de paso 
en la Primera Parte, por haberlos tenido de este Reyno Nuevo de Granada, 
y la verdad que hai en ello ser hija legítima de esta historia , aunque el nom- 
bre se le puso en la ciudad de San Francisco de Quito en los Reynos del 
Perú, desde donde ha volado por tantas partes, que pienso hai pocas, aunque 
sean remotas, no solo en este Nuevo Mundo, sino aun en todas las otras par- 
tes de él, por donde no esté extendido este nombre i noticias de las provin- 
cias del Dorado , que ha sido ocasión de dejar á tantos no solo desdorados, 
sino perdido sus haciendas, casas, y vidas ; no habiéndose perdonado nada 
de esto en los descubrimientos que se han intentado de las tierras que publica 
esta fama , fingiéndolas cada uno donde quiere y poniendo la proa de sus di- 
ligencias para donde lo gobierna su pensamiento sin mas luz que unas ciegas 
relaciones, que algunos dán sin bastante fundamento. Si bien es verdad, que 
todas las enderezan hácia el corazón y entrañas de esta tierra firme , de quien 
solo están habitadas de Españoles todas sus riberas en redondo del Mar de que 
está cercada: porque lo está por una parte de el del Norte, por otra, del mar 
de Etiopia , por otra del estrecho ó canal de Magallanes , y por la otra del 
mar del Sur ; de hácia donde corre y vacia en el mar del Norte por las Bocas 
del Drago el famoso rio Orinoco : por cuyas feroces aguas suele meterse el áni- 
mo y brio Español , como hemos dicho en nuestra primera parte , lo hizo Don 
Diego de Ordas, y Don Pedro de Silva y otros muchos , porque desde las már- 
genes de este rio , que subiendo por él demoran á la mano derecha hasta las 
del rio Papamene , que bajando por las provincias del Caguán , que está á las 
espaldas de este Nuevo Reyno , entra en el mismo Orinoco ; cerca de sus 



66 



bocas fingen las de los que dán estas noticias, están las del Dorado: en cuya 
demanda se han puesto en ejecución grandes y costosas jornadas , trasegando 
mares y rios , trastornando tierras y provincias de dificultosísimos caminos, 
estalages , y habitaciones ; sin haber surtido otro efecto que pérdidas de fami- 
lias, que á la fama de este nombre campanudo del Dorado, no han reparado 
en dejar sus tierras en los reynos de España , y venir á buscar su perdición i 
total ruina de que son buenos testigos los lastimosos fines que han tenido 
quantos han intentado estos caminos i entradas ; sin que haya habido uno de 
los muchos que se han puesto á ello, que le haya sucedido otra cosa que 
calamidades sin un dia de "descanso; que no deja de ser ocasión de espanto, 
ver que todos los que intentan esto , corren igual fortuna de desgracias. Cuya 
verdad nos desempeñan los sucesos referidos en la Primera Parte de las jorna- 
das de Don Diego de Ordas por el Orinoco, las de de Don Pedro de Silva; 
la del capitán Juan de Cerpa ; las del capitán Antonio de Berrio desde este 
reyno , y la del capitán Domingo de Vera : cuyos fines han sido lastimosas tra- 
gedias, celebradas con tristes y mal ejecutadas lágrimas que duran hoy. 

2. El fundamento pues que hubo , de donde se han levantado estas pul- 
voradas del Dorado , fué de esta suerte. Recien poblada la ciudad de San 
Francisco del Quito por el capitán Sebastian de Belalcázar el año de 1534, 
siendo adelantado del Perú Don Francisco Pizarro, y su teniente general el 
Belalcázar, este capitán andando con cuidado, inquiriendo por todos los caminos 
que podia sin perder ocasión , de todas las tierras y provincias de que pudiese 
tener noticias, entre los demás Indios de quien se andaba informando, las 
tuvo de que habia allí en la ciudad un forastero , y preguntándole por su 
tierra, dijo, que se llamaba Muizquitá i su cacique Bogotá, que es como hemos 
dicho este Nuevo Reyno de Granada , que los Españoles le llamaron Bogotá. 
Y preguntándole si en su tierra habia de aquel metal que le mostraba , que 
era oro, respondió ser mucha la cantidad que habia i de esmeraldas, que él 
nombraba en su lengua piedras verdes. Y añadió que habia una laguna en la 
tierra de su cacique , donde él entraba algunas veces al año en unas balsas 
bien hechas al medio de ella, yendo en cueros, pero todo el cuerpo lleno 
desde la cabeza á los piés y manos, de una trementina mui pegajosa i sobre 
ella echado mucho oro en polvo fino ; de suerte que quajando de oro toda 
aquella trementina, se hacia todo una capa ó segundo pellejo de oro, que dán- 
dole el sol por la mañana que era cuando se hacia este sacrificio i en dia 
claro, daba grandes resplandores, y entrando así hasta el medio de la laguna, 
allí hacia sacrificio y ofrenda, arrojando al agua algunas piezas de oro, y esmeral- 
das con ciertas palabras, que decia. 

Y haciéndose luego lavar con ciertas yerbas, como jaboneras todo el 
cuerpo , caia todo el oro que traia á cuestas en el agua : con que se acababa 
el sacrificio, y se salia de la laguna, y vestía sus mantas. Fué esta nueva tan 
apropósito de lo que deseaba Belalcázar y sus soldados , que estaban cebados 



67 



para mayores descubrimientos con los que iban haciendo en el Perú , que se 
determinaron luego á hacer este de que daba noticia el Indio. Y confiriendo 
entre ellos qué nombre le darían para entenderse , y diferenciar aquella pro- 
vincia de las demás de sus conquistas, determinaron llamarle la Provincia del 
Dorado, que fué como decir: llámese aquella la provincia donde vá á ofrecer 
sus sacrificios aquel hombre ó cacique con el cuerpo dorado. Esta es la raíz 
y tronco de donde han salido por el mundo las extendidas ramas de la fama 
del Dorado ; y fuera de esto todo lo demás es pura ficción y nombre sin cosa 
sobre que caiga , si no es que lo fingen donde lo pone el deseo que tienen 
de hallar tanto oro, que puedan dorarse como el otro cacique, y así poder 
llamar á la tierra que tan abundantemente se descubriese, otro Dorado; y de 
esta suerte irlos multiplicando hasta los que quisieren , de que ya dejamos tra- 
tado en nuestra Primera Parte. 

3, Pero para que sepa el lector de fundamento, el que el Indio tuvo 
para decir lo que dijo de esta su tierra de Bogotá , habré de hacer aquí una 
forzosa digresión , en que se dirá á dónde y cómo se hacia aquel ofrecimiento 
del Dorado, según mas cierta opinión ; con que se hallará aquí consecutivo, 
uno tras otro, sin atormentar el deseo, miéntras no lo halla escrito, y yo 
quedaré ya desocupado, para cuando llegue á parte donde me será forzoso 
decirlo, no pudiéndome escusar por ser cosa de consideración de esta historia. 
Pues para que mejor se entienda la que aquí hai , digo , que entre las demás 
supersticiones que tenían los Indios de este Nuevo Reyuo (de que después ha- 
blaré mui largo) en ofrecer sacrificios á sus fingidos i falsos dioses, sino por- 
que el demonio, cuyas eran las trazas por donde estos miserables se goberna- 
ban, se las tenia dadas, de manera que lo honrasen á él en las aguas, que- 
riendo con su depravada voluntad igualarse con esto con Dios, que tanto se dá 
por honrado i servido en las aguas , como lo dió á entender luego á los pri- 
meros pasos de la creación del mundo , quando el espíritu del Señor anduvo 
sobre las aguas * : también quiere que lo bendigan todas las aguas del mar, 
fuentes, y rios, y al fin quizo ser honrado con las aguas del baplismo, orde- 
nando que ellas fuesen instrumento con que saliesen las almas del poder del 
demonio , y se escribiesen y alistasen debajo sus banderas de Cristo , ñor la 
gracia que allí reciben. 

CAPITULO II. 

1. Descúbrese la Laguna de Guatabita. 

2. Ahógase la Cacica en la Laguna ; y cuéntase la hechizería para sacar- 

la con unas Niñas que también se ahogaron. 



* Génesis cap. II. 



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3. Ofrendas, que se hacían en la Laguna; y Adulterio de la Cacica, y 
su castigo. 

1. Segunda hechizeria para sacar la Niña : la sacan muerta, y la vuelven 
al agua. 

\. Lo qual así determinado por el demonio y obedecido por ellos, hacían 
estas ofrendas, no en qualesquiera aguas, sino en aquellas que parecía había 
alguna particular razón , por ser extraordinario su sitio , asiento ó disposición, 
como en partes extraordinarias de rios, como lo hacían en una parte peñascosa 
del de Boza, quando pasa por cerca de un cerro que llaman del Tabaco, dos 
leguas y media de esta ciudad de Santafé ; en lagunas de sitios y puestos pere- 
grinos, como se hacia en una que está cerca de este pozo del rio, en la 
mitad de tierra que bai desde él al pueblo de Suacba. Llaman á este puesto 
Bochado (ó Bazazio). Pero entre todas estas parles el mas frecuentado y fa- 
moso adoratorio fué la laguna que llaman de Guatabita , que está una legua 
poco mas del pueblo así llamado, de quien ya dejamos dicho algo. Esta laguna 
tiene mil razones de las que los Indios buscaban, y el demonio pedia para 
hacer en ella sus ofrecimientos. Porque está en la cumbre de unos muy altos 
cerros á la parte del Norte respecto del pueblo. Causase de unas fontezuelas 
ó mantialejos, que salen de lo alto del cerro, que la sobrepuja, que marcarán 
por todos como un brazo de agua , que es la que de ordinario sale de la la- 
guna, ó poca mas; aunque puede ser tenga otros manantiales dentro de agua, 
que aun no se ha podido saber por ser tan profunda : la qual no tiene de an- 
cho en redondo, aunque un poco ovalada, mas de un tiro largo de piedra. 
A la redonda subirá desde el agua otro tanto por lo mas alto, porque no están 
parejas las cumbres, que la cercan. Algunos árboles bajos, como los consiente 
la frialdad del páramo donde está, cercan sus riveras de sus aguas claras, aun- 
que no gustosas, por picar un poco en sabor de agua de bomba. 

2. Aquí pues, como en lugar acomodado de los que el demonio pedia, 
se solían hacer algunos ofrecimientos con el modo que él les tenia ordenado ; 
el qual se solia aparecer en las mismas aguas en figura de un dragoncillo , ó 
culebra grande. Y en apareciendo le habían de ofrecer algún oro, ó esmeral- 
das, para lo qual estaban con vigilancia los Xeques aguardando en unas cho- 
zuelas á la vera del agua. Duraron estos ofrecimentos , que no eran mui en 
grueso, hasta que se aumentaron después con lo que sucedió á la muger del 
Cacique Guatabita. El que en tiempos muy atrazados , quando todos los caci- 
ques gozaban libremente de su señorío, ántes que el Bogotá tiránicamente los 
sugetase, era el mas poderoso señor, que había en el Beyno de los Moscas, re- 
conociéndole superioridad muchos caciques sus convecinos, no por motivo de 
tiranía y servidumbre, como después sucedió con el Bogotá, sino por un res- 
peto i reverencia , que le tenían como á mayor Señor , y de mayor linage, 
sangre, y prendas. Sucedió pues en aquella edad, que entre las mugeres que 



69 



tenia, estaba una de tan buenas partes en sangre y hermosura, que así co- 
mo en esta excedía á las demás, también Ies excedía en la estimación que hacia 
de ella el Guatabita. Lo qual no advirtiendo la Cacica como debiera, hízole 
traición con un caballero de la corte, y no tan en secreto que no llegara 
á los oidos del marido ; el qual puso tan buenas diligencias en haber á 
las manos el adúltero, que presto le cayó en ellas, y desde aquellas en aquel 
cruel tormento de muerte, que usaban en tales casos, como era empalarlos, 
habiéndoles primero hecho cortar las partes de la puridad , con las quales quizo 
castigar á la muger, sin darle otro castigo, que dárselas á comer guisadas en 
los comistrages que ellos usaban , en una fiesta que se hizo , por ventura , solo 
para el propósito, en público, por serlo ya tanto el delito. De que fueron tan 
grandes los sentimientos de la muger, que no hubieran sido mayores si hubiera 
pasado por la pena del agresor ; á que se añadieron otros no menores, can- 
tando el delito los Indios en sus borracheras y corras , no solo en el cercado 
y casa del cacique , á la vista y oidos de la muger , sino en los de todos sus 
vasallos, ordenándolo así el Guatabita, para escarmiento de las demás mugeres 
y castigo de la adúltera. * 

3. En la qual fueron creciendo todos los sentimientos de estas fiestas 
amargas para ella, que por huir de ellas, trató de huir de esta vida con des- 
esperación, para entrar en mayores tormentos en la otra. Y así un dia que 
halló la ocasión que deseaba, se salió del cercado y casas de su marido, á des- 
hora con el mayor secreto que pudo, sin llevar consigo mas que una mucha- 
cha que llevaba cargada una hija que habia parido poco había, de su marido 
el cacique, y caminando á la laguna, apenas hubo llegado, quando por no ser 
sentida de los Xeques, que estaban á la redonda en sus chozuelas, arrojó las 
niñas al agua, y ella tras ellas, donde se ahogaron, y fueron a pique sin po- 
derlas remediar los Mohanes que salieron de sus cabañas al golpe, que oyeron 
en el agua; aunque conocieron luego, por ser de dia, quien era la que se habia 
abogado. Y así viendo que no tenia ya aquello remedio, partió uno de ellos 
á mayor correr, á dar aviso al cacique del desgraciado suceso; el qual par- 
tiendo al mismo paso para la laguna con ansias mortales, por no haberse per- 
suadido que los sentimientos hubiesen traído á tal estado á su muger que hi- 
ciese aquello, y por la desgracia de su hija, luego que llegó, y no las vido, 
por haberse ya sumido los cuerpos que pretendía sacar si estuviesen sobre- 
aguados, mandó á uno el mayor hechicero de los Xeques, que hiciese como 
sacar á su muger é hija de aquel lago. El Xeque trató luego con sus vanas 
ceremonias y supersticiones de poner por obra lo que se le ordenaba. Para 
lo qual mandó luego encender lumbre á la lengua del agua, y poner en las 
brasas unos guijarros pelados, hasta que quedasen como las demás brasas. Y 
estándolo ya, y él desnudo, echólos en el agua, y él tras ellos, hasta que sa- 
lió solo, como entró, diciendo que habia hallado á la cacica viva, embuste que 
el demonio le puso en la imaginación, y que estaba en unas casas y cercado 

6* 



7(1 



mejor que el que dejaba en Guatabita, y tenia el dragoncillo en las faldas, 
estando allí con tanto gusto, que aunque la habia dicbo de parte de su marido 
el que tendría en que saliese, y que ya no trataría mas del caso pasado, no 
estaba de ese parecer; pues ya habia bailado descanso de sus trabajos, á que 
no quería volver, pues él habia sido causa de que le dajasen ella y su hija, á 
la qual criaría allí donde estaba, para que la tuviese compañía. 

4. No se aquietó el Cacique con el recado del Xeque ; así diciéndole que 
le sacara siquiera á su hija, se la hizo buscar otra vez. Con los mismos gui- 
jarros hechos ascuas repitió la ceremonia zabulléndose ; y volviendo á salir, trajo 
el cuerpo de la niña muerta, y sacados los ojos, diciendo, se los habia sacado 
el dragoncillo estando todavía en las faldas de la madre, para que no siendo la 
niña con ojos, ni alma de provecho para los hombres de esta vida, la volvie- 
sen á enviar á la otra con su madre , que la quedaba aguardando. A que ac- 
cedió el Cacique, por entender así lo ordenaba el dragoncillo, á quien él reve- 
renciaba tanto ; y así le mandó volver á echar el cuerpezuelo en la laguna, 
donde luego se hundió, quedando el Guatabita sin poder consolarse en nada, 
por lo mucho que quería á la hija y madre, no obstante lo que habia usado 
con él. 

CAPITULO III. 

1. Aparécese el demonio en figura de la Cacica, para confirmarlos en sus 

Supersticiones , y el modo que tenian de hacerlas. 

2. Echóse mucho oro en la laguna quando se supo la llegada de los Es- 

pañoles. 

3. El desagüe, que le hizo Antonio ele Sepúlveda, para sacar el oro, y en 

lo que paró. 

I . No fué perezosa la fama en divulgar por toda la tierra este supuesto 
así en lo que tuvo verdad, como en lo fabuloso y mentira, como lo era el de- 
cirse estaba la cacica viva, después de haber muerto en las aguas de la lagu- 
na; lo qual se creyó con la facilidad que la verdad del caso. Porque el ene- 
migo de ella disponía los ánimos á que se persuadiesea á ello: con que también 
lo quedaron de ser verdad lo que ya les tenia introducido, de que después de 
muertos, habia otra vida, donde comian y bebían, y eran servidos de sus cria- 
dos como en esta. Por donde se venian á perder mas temprano tantas almas, 
como eran las de aquellos criados y criadas que enterraban consigo vivos, los 
caciques y señores, demás de sus comidas y bebidas, armas, vestidos y telas, 
con que se hacen otros en rompiéndose aquellos con que los enterraban. Luego 
comenzaron á tomar fuerza los sacrificios que se hacian en la laguna , yendo 
con ellos allí en todas las necesidades, pareciéndoles á los vasallos de Guata- 



71 



bita, que pues estaba allí viva su cacica, se las remediaría; y lo mismo hacían 
los que no lo eran, á quien había llegado esta lama, que fué por largas tierras, 
viniendo de todas con sus oblaciones á la laguna. Y así había muchas carre- 
ras ó caminos anchos, que estos Indios usaban para ir á sus santuarios, que 
llegaban á la laguna, y cada pueblo tenia y conocía el suyo, que guiaba desde 
aquella parte por donde venían, como el de Tunja, ó Chocontá, Ubaté, Bogotá, 
etc. por donde entraban á echar sus sacrificios, que venían hechos desde me- 
dia legua antes de llegar á la laguna, como los hallaron los Españoles, y aun 
hoy se conocen , y yo los he visto. Los sacrificios se hacen por medio de los 
Xeques. El demonio viendo lo bien que le había salido la traza, para asegu- 
rarlos mas en aquellas vanas supersticiones, se aparecía de quando en quando 
sobre las aguas de la laguna, en figura, gesto i talle de la cacica, desnuda de 
medio para arriba, y de allí para abajo ceñida de una manta de algodón colo- 
rada ; y diciendo algunas cosas que habían de suceder de las que penden de 
las disposiciones y causas naturales, que él también conoce, como que había 
de haber secas, hambres, enfermedades, muertes de tal ó tal cacique que es- 
taba enfermo; desaparecíase quedando los miserables persuadidos en que la ca- 
cica era la poderosa para enviar; ó quitar por su mano aquello que había he- 
cho, y veían, que sucedía. Conque no perdonaban al buen oro, joyas, esme- 
raldas, comidas, y otras cosas, que no ofreciesen en sus necesidades, usando 
de esta ceremonia en el ofrecimiento. Tomaban dos cuerdas, que pudiesen atra- 
vesar la laguna por el medio, y cruzándolas de una parte á otra, en la cruz 
que hacían , se venia á conocer el medio ó centro de laguna , á donde iban 
los Xeques i la persona que hacia el ofrecimiento, en unas balsas, que son de 
hazes de eneas ó espadañas secas, juntos, atados unos con otros, ó de palos 
con que se hace un modo de barca, donde pueden ir tres, quatro ó mas per- 
sonas, según son de anchas i largas, con que también se pasan los ríos donde 
no bai puentes. Con estas llegaban pues al medio de las aguas de la laguna ; 
y allí con ciertas palabras y ceremonias echaban en ellas las ofrendas, menores ó 
mayores, según para la necesidad que se hacia, y el posible del que la hacia; 
viniendo á ser algunas de tanto valor, como hemos dicho en el capítulo ántes 
del pasado, número 2, hacia el cacique de Guatabita, dorándose el cuerpo; 
por donde vino á decir el indio de la ciudad de Quito, lo que dijo, y los Es- 
pañoles á ponerle á esta provincia el nombre del Dorado. 

2. Y porque Concluyamos lo que hai que decir de esta laguna, digo, que 
como este era su principal santuario y común de toda la tierra; y aun hai 
quien diga haber visto entierro de algunos caciques, mandando quando morían 
echar en aquellas aguas sus cuerpos con sus riquezas, quando se fué divulgando 
que entraban unos hombres barbudos, y buscaban con cuidado el oro entre 
los Indios, sacaron muchos el que tenían guardado, llevándolo, y ofreciéndolo 
en la laguna, ó rogando con aquel sacrificio que les librase la cacica de aquel- 
los hombres que entraban por sus tierras, como de las plagas que les solian 



72 



venir; ó queriendo mas tenerlo ofrecido en su santuario que en sus casas, á 
peligro que lo hubiesen á las manos los Españoles. Hicieron esto algunos en 
tanta cantidad de oro, que solo el cacique del pueblo de Simijaca echó en la 
laguna quarenta cargas, que llevaron quarenta Indios desde el pueblo á la la- 
guna, como se verificó de ellos mismos y del cacique, sobrino y sucesor en el 
cacicazgo, al qual lo envió, que fué el que iba con los Indios que lo llevaban, 
y lanzó en la laguna, que cuando ménos serian quarenta quintales de oro fino. 
Tomóse motivo para averiguar esta verdad , de que el encomendero del pueblo, 
que es el capitán Gonzalo de León Venero, persuadiendo al cacique que se 
llamaba Don Alonso, que le mostrara algunos santuarios, pues era mejor ser- 
virse del oro, que tenerle en ellos sin provecho ofrecido al demonio, le res- 
pondió el Indio de amistad y con secreto, que si desaguaba la laguna de Gua- 
tabita, sacaria infinitas riquezas, porque su tio solo habia enviado con él las 
cargas de oro referidas. De que se hizo averiguación ser así, y haber hecbo 
otros muchos lo mismo, unos con mas otros con ménos. ■ 

3. De cuya fama movidos muchos de los soldados que descubrieron la 
tierra, intentaron desaguar la laguna, como lo puso en ejecución el capitán Lá- 
zaro Fonte, después que salió de las borrascas en que se vido; aunque como 
no fué mucho el caudal conque lo intentó, no pudieron ser las diligencias que 
eran menester para conseguir el efecto, con provecho. Y así con ménos de 
esto que de gasto, dió de mano á la labor; aunque no faltó quien la pasase 
adelante mas de propósito, por hallarse con mas caudal y suficiente á su pa- 
recer para hacer el desagüe, pareciéndole no poderlo emplear en cosa de mayor 
ganancia que en la que esperaba sacar de la laguna. Y así determinóse á esto 
un Antonio de Sepúlveda, mercader de esta ciudad de Santa Fé. Pasó desde 
aquí en España por los años de 1580, donde sacó del concejo una cédula con 
ciertas condiciones, para poder él, y no otro, desaguar la laguna, y que se le 
diese de la real audiencia todo el favor que fuese necesario, y los Indios que 
pidiese para la labor del desagüe. El cual se pasó á hacer luego que fué de 
vuelta de España muy de propósito, haciendo casas junto á la laguna, y un 
barco para ella, desde donde sondaba la altura, que se halló ser, por medio, 
de 25 brazas. Juntó luego muchos Indios gastadores, que tomando las zanjas 
desde la altura, que pareció á los ingenieros bastaba, las iban siguiendo con 
mil dificultades, que se ponian delante de grandes peñas. Con que se comenzó 
á descubrir luego, ser la dificultad mayor que lo que se entendía; aunque rom- 
piendo por todo con grandes gastos de herramientas y vino, por ser la tierra 
de fríos páramos, y no poder los Indios de otra suerte sufrir el trabajo, se fué 
llegando el desmonte de los dos cerros, que tiene á los lados el desaguadero 
de la laguna, á donde yendo cortando la una y la otra parte del cerro, y 
apuntalando, ó ademando con maderos mui gruesos, se comenzó á abrir boca 
al desaguadero; de manera que ya iba vaciando mas de lo ordinario, y de- 
jando descubrirse sus orillas, donde iban hallando algunas joyas de oro de mil 



73 



hechuras, — chagualas, ó patenas, sierpezuelas, águilas, esmeraldas, que saca- 
ban de entre la lama y cieno que se iba descubriendo. Y la razón porque las 
hallaban, era, porque no todos entraban á ofrecer al medio de la laguna, quan- 
do eran de poco precio los ofrecimientos, sino desde fuera del agua las ofre- 
cían por las orillas. Al fin, aquello poco que allí hallaban, daba al Sepúlveda 
ánimo de pasar adelante con la esperanza de sacar lo que gastaba, y mucho 
mas, como fuera sin duda, si su caudal hubiera sustentado la labor que fué 
menester: porque á cada desagüe que iban dando, se hallaban, mayores i mas 
ricas piezas de oro, y esmeraldas, y tal vez sacaron una como un huevo, una 
mitra i báculo de obispo hecha de planchas de oro, y el báculo aforrado de 
las mismas canófilas y otras joyas; que fué todo hasta en cantidad de cinco ó 
seis mil ducados, que iban metiendo en la caja real, por haber sido una de 
las condiciones conque se le había dado la licencia, para que se partiese des- 
pués de junto todo lo que se sacase por mitad al mercader i la caja, habién- 
dole pagado la costa, de la cual no habia de poner el rey alguna. Al fin siendo 
mas la que hacia, que lo que podía su bolsa, sucedió que no teniendo bien 
puntalados los cortes del desagüe, y sobreviniendo muchas aguas del invierno, 
dieron abajo. la una i la otra banda de las barrancas, volviendo á cegar la sa- 
lida del agua en tiempo que ya no alcanzó el caudal del mercader á volver á 
limpiar la tierra. Y así le fué forzoso dejar la ranchería y labor, y irse á mo- 
rir á un hospital, sin haberle quedado caudal para otra cosa, ni haber habido 
después quien se atreva á tomar entre manos la empresa de propósito. 

Véase ademas sobre el desagüe de José Ignacio París el viaje de Coch- 
rane vol. II p. 193 — 208, i la vista del lago en las ,,Vues de Cordílléres etc. par 
Humboldt" pl. C0 de la edición en folio i 19 de la en 8vo. 



7 



Bibliografía arqueológica de América; algunos libros necesarios 
al arqueólogo Americano. 



1. Vues de Cordilléres et Monumenls des peuples Indigénes de l'Amérique par 
Alexandre de Humboldt. Paris 1810. fol. 

q 2. Memoir on Ihe Antiquities of the Western parts of Ihe state of New York. 
By de Witt Clinton. Albany 1818. 8vo. 

3. Colección de las Antigüedades Mexicanas que ecsisten en el Museo Nacional 
y dán á luz Isidoro Icaza é Isidoro Condra. Litografiadas por Fe- 
derico Waldeck , é impresas por Pedro Robert. México 1827. fol. 

k. Antiquities of México: comprising Fac - símiles of ancient Mexican Paintings 
and Hieroglyphies etc. By Lord Kingsborongh. London 1831 — 1848. 
9 vols. fol. 

5. Descripción histórica y cronológica de las dos Piedras que con ocasión del 

nuevo empedrado que se está formando en la plaza principal de México 
se hallaron en ella el año 1790 etc. Parte I. por D. Antonio de León 
y Gama, Parte II. por Garlos Maria de Bustamante. México 1832. 
4to. 2 a ed. 

6. Antiquités Mexicaines. Relation des trois Expéditions du Capitain Dupaix, 

ordonnées en 1 805, 1806 et 1807, pour la recherche des Antiquités 
du Pays. Con artículos por Alexandre Lenoir , Warden , Farcy, 
de St. Priest y adicionadas por Barradere. Paris 1 820 — 34. fol. 
2 vols. 

7. Biography and History of Ihe Indians of North America from its discovery 

to the present time, with an account of their Antiquities, Manners 
and Cusloms , Religión and Laws. By /Samuel G. Drake. Boston 
1 8 36. 5 a ed. 8vo. 

8. Voyage pittoresque et Archéologique dans la Province de Yucatán (Amerique 

Céntrale) pendant les années 1 834 ct 1 836. Par Frederick de Wal- 
deck. Paris 1 8 38. fol. 

9. Voyage dans FAmerique Méridionale par Alcide d'Orbigny. Partie Histo- 

rique — Antiquités. Paris 1835 — 44. 3 vols. 4to. 



76 



10. Description of tlie Ruins of an ancient City, discovered near Palenque, in 
the Kingdom of Guatemala , in Spanish America ; translated from the 
original MS. reporl of Captain Don Antonio del Rio : followed by 
Teatro Critico Americano, or, a critical investigation and research into 
the History of the Americans by Dr. Paul Félix Cabrera, of the city 
of Guatemala. London 1822. 4to. 17 Lám. 

O 11- An Inquiry into the origin of the Antiquities of America. By John Dela- 
field. Cincinati 1 839. 4to. 

Q 12. Incidents of Travel in Central America , Chiapas and Yucatán. By John 
L. Stephens. New York 1842. 2 vols. 8vo. 

O 13. Travels in Central America. By John L. Stejrfiens. New York. 2 vols. 8vo. 

q 14. American Antiquities and Researches into the Origin and History of the 
red race. By Alexander W. Bradford. New York 1841. 8vo. 

15. Yiews of Ancient Monuments in Central America, Chiapas and Yucatán. 

By F. Catherwood , Architect. With letter-press description by J. L. 
Stephens. 1 844. fol. 25 láminas. 

O 16. The Ancient Monuments of the Mississipi valley. By E. G. Squier and 
E. H. Davis. New York 1 848. 4to. 

Q 17. Travels in Central America, parlicularly» in Nicaragua by E. G. Squier. 
New York 1 852. 2 vols. 8vo. 

Q, 18. Antigüedades Peruanas. Por Mariano E. de Hivero y Juan Diego de 
Tschudi. Viena 1851, 4to. i Atlas en fol. [Las láminas XXXIX á XLII 
representan Antigüedades de Timaná, en la Nueva Granada.] 

19. Historia física y política de Chile. Por Claudio Gay. Paris. Texto en 

8vo. Atlas en fol. del cual algunas lám. sobre las Antigüedades. 

20. Expédition scientifique dans les parties Centrales de l'Amerique du Sud, 

de Rio de Janeiro á Lima et de Lima á Para. Sous la direction de 
Francis de Castelnau. 3 ,ne Part. Antiquités des Incas et autres Peu- 
ples Anciens. Paris 1852. 4to. 



GÓTTINGEN , IMPRENTA DE E. A. HUTÍI. 



-Lamina. 




Cráneos 5¡eo- granadinos. 



Lamina iii 





I 



I 



Láitiiiici IV 




íS'ecfiin un clacfuerscTipoihs dibujos c¿£ JS.Trricoechea, 

Anfigüed a fl es Neo -tirana dinas. 



MEMORIA 



SOBRE LAS 



ANTIGÜEDADES NEO-GRANADINAS 



POR 



EZEQUIEL URICOECHEA. 



BEELIN, 

LIBRERIA DE F. SCHNE1DER I C". 
1854. 





GOTTINGEN , 
IMPRENTA DE E. A. HUTH 





, '■"?«.!?(?■ ''V Oí» 



24 5 91 





>2